La reconversión de una antigua fundición de aluminio en Kentucky en un megacampus de centros de datos para inteligencia artificial marca un hito en la carrera por la infraestructura computacional. TeraWulf, una empresa que hasta hace poco se dedicaba a la minería de bitcoin, ha recibido la aprobación regulatoria para desarrollar un proyecto valorado en hasta 4.500 millones de dólares sobre las ruinas de la fundición Hawesville de Century Aluminum, y el principal beneficiario será Anthropic, la startup fundada por exempleados de OpenAI. Este movimiento no solo implica una transformación industrial radical, sino que también pone a prueba los límites de la capacidad energética y la tolerancia social en una región que ya ha mostrado resistencia a la avalancha de centros de datos.
De la minería de bitcoin a la inteligencia artificial: la metamorfosis de TeraWulf
TeraWulf operaba originalmente como una empresa de minería de criptomonedas, un sector intensivo en energía que ha enfrentado críticas por su consumo eléctrico y su huella ambiental. Sin embargo, la compañía ha iniciado un proceso de reconversión estratégica hacia la infraestructura de inteligencia artificial, un mercado que demanda capacidades computacionales aún mayores y que ofrece contratos a largo plazo con ingresos garantizados. Esta transición refleja una tendencia más amplia en la industria: los mineros de bitcoin poseen acceso a energía barata y a gran escala, así como experiencia en la gestión de centros de datos, activos que resultan atractivos para las empresas de IA que necesitan desplegar clusters de GPU y hardware especializado.
La decisión de TeraWulf de adquirir la antigua fundición de aluminio en febrero por 302 millones de dólares no fue casual. La instalación, ubicada en el condado de Hancock, Kentucky, heredó una subestación eléctrica y líneas de transporte de alta capacidad que resultan esenciales para alimentar los futuros servidores. La fundición Hawesville de Century Aluminum cerró en 2022, eliminando unos 600 puestos de trabajo, lo que convirtió el sitio en un símbolo de la desindustrialización estadounidense. Ahora, TeraWulf planea darle una segunda vida como campus de datos, generando empleo y actividad económica, aunque no sin controversia.
4.000 millones de dólares y 300 hectáreas: así es el campus Justified Data
El proyecto, bautizado como campus Justified Data, ocupará aproximadamente 300 hectáreas dentro del terreno de la antigua fundición. La construcción ya se había iniciado antes de la aprobación regulatoria, incluyendo trabajos de demolición, saneamiento ambiental y preparación del terreno. TeraWulf calcula que el desarrollo completo del terreno costará entre 4.000 y 4.500 millones de dólares, una cifra que refleja la magnitud de la obra y la necesidad de adecuar una instalación industrial pesada para albergar tecnología de última generación.
La elección de una fundición de aluminio como ubicación no es fortuita. Estas instalaciones consumen cantidades masivas de electricidad —la producción de aluminio es uno de los procesos industriales más intensivos en energía—, por lo que ya cuentan con conexiones a la red eléctrica de alta capacidad y subestaciones propias. TeraWulf aprovechará esa infraestructura existente, reduciendo los costos y los plazos de conexión que suelen ser un cuello de botella para los centros de datos. La subestación y las líneas de transmisión heredadas de Century Aluminum serán clave para suministrar los 482 megavatios (MW) que el campus necesita en su máxima capacidad.
Luz verde regulatoria: el acuerdo energético de 482 MW que protege a los clientes
El 21 de agosto, la Comisión de Servicios Públicos de Kentucky (PSC) aprobó un Acuerdo de Servicio Eléctrico Minorista de 15 años que cubre hasta 482 MW para el campus Justified Data. Este acuerdo se canaliza a través de dos empresas de servicios públicos locales: Big Rivers Electric Corp., que compra la energía en el mercado mayorista, y Kenergy Corp., que se encarga del suministro minorista a las instalaciones de TeraWulf.
La comisión determinó que el acuerdo ofrecía “protecciones adecuadas” para los clientes existentes y fijó tarifas que son “justas, equitativas y razonables”, según la orden legal. Esta es una cuestión delicada en Kentucky, donde los gobiernos locales ya han impuesto moratorias a proyectos de centros de datos debido al rechazo de los residentes, que temen que el consumo masivo de electricidad por parte de estas instalaciones eleve sus propias facturas o provoque cortes de suministro. El caso de TeraWulf se ha considerado una prueba generalizada para saber cuánta manga ancha tienen las compañías de IA para seguir adelante con sus proyectos a pesar de la oposición ciudadana.
Anthropic, el inquilino estrella: 19.000 millones de dólares en 20 años
En julio, TeraWulf firmó un arrendamiento de 20 años con Anthropic, la empresa de inteligencia artificial responsable del modelo Claude, para unos 401 MW de capacidad dentro del campus. Este contrato representa la columna vertebral financiera del proyecto. Según estimaciones de TeraWulf, el arrendamiento generará cerca de 19.000 millones de dólares en ingresos contratados durante toda su vigencia, una cifra que subraya la escala de la demanda de infraestructura por parte de las empresas de IA más avanzadas.
Pero el compromiso de Anthropic no termina ahí. Sumado a los más de 4.000 millones de dólares que TeraWulf está invirtiendo en la ubicación, la empresa espera que Anthropic pueda invertir otros 10.000 millones de dólares en equipos de computación, como servidores, GPUs y sistemas de refrigeración. Esto elevaría la inversión total en Hawesville por encima de los 14.000 millones de dólares, según las propias estimaciones de TeraWulf. Estas cifras colocan al proyecto entre los más ambiciosos del mundo en infraestructura de IA, compitiendo con los megacampus que están construyendo Microsoft, Google y Meta en distintas partes de Estados Unidos.
La pregunta que surge de forma natural es: ¿por qué Anthropic está dispuesta a realizar una inversión tan colosal? La respuesta está en la carrera por la capacidad computacional. Los modelos de lenguaje más avanzados requieren clusters de miles de GPUs funcionando 24/7 durante meses para entrenar nuevas versiones, y luego necesitan potencia de inferencia para atender a millones de usuarios. Las empresas de IA están dispuestas a firmar arrendamientos de décadas y a invertir miles de millones en equipos para asegurarse el acceso a energía y espacio que se está volviendo cada vez más escaso.
El desafío energético de la IA en Kentucky: entre moratorias y apuestas multimillonarias
Kentucky no es ajeno a la polémica en torno a los centros de datos. El estado ha visto a varios gobiernos locales imponer moratorias a nuevos proyectos debido al rechazo de sus residentes, que argumentan que estas instalaciones consumen cantidades desproporcionadas de energía y agua sin generar suficientes empleos locales. El proyecto de TeraWulf se ha convertido en un caso de prueba: si logra sortear la oposición y cumplir con los plazos, podría allanar el camino para otros desarrollos similares en la región.
La aprobación del PSC incluye salvaguardas diseñadas para mitigar el impacto en los clientes residenciales. Las tarifas fijadas en el acuerdo buscan que TeraWulf asuma los costos adicionales de infraestructura que su demanda genera, en lugar de trasladarlos a los hogares. Sin embargo, el temor persiste: a medida que más centros de datos se conectan a la red, la presión sobre la generación y transmisión eléctrica aumenta, y en un estado donde el carbón sigue siendo una fuente importante de energía, las preocupaciones ambientales también están presentes.
Desde la perspectiva de la industria, este proyecto representa una validación de que las antiguas instalaciones industriales pueden ser reutilizadas para albergar infraestructura digital. No es el único caso: en otras regiones, plantas siderúrgicas, fábricas de papel y refinerías están siendo evaluadas como posibles ubicaciones para centros de datos. La clave está en la capacidad eléctrica preexistente y en la disponibilidad de terrenos industriales que ya cuentan con permisos ambientales y conexiones a la red.
Los próximos pasos: la aprobación de MISO y el calendario hasta 2028
A pesar de la luz verde del PSC, TeraWulf aún no tiene garantizada la totalidad de los 482 MW. La compañía necesita la aprobación del operador de la red regional, el Midcontinent Independent System Operator (MISO), así como acuerdos adicionales de transporte eléctrico. MISO es el organismo que coordina el flujo de electricidad en una vasta región del centro de Estados Unidos, y debe asegurarse de que la conexión del nuevo centro de datos no comprometa la estabilidad del sistema.
TeraWulf ha comunicado a los reguladores que tiene como objetivo iniciar el incremento progresivo de potencia hacia septiembre de 2027. La capacidad contratada por Anthropic entraría en servicio por fases, comenzando a finales de 2027 y alcanzando la plena capacidad a principios de 2028. Este calendario refleja la complejidad de poner en marcha una instalación de esta envergadura: no solo hay que construir los edificios y las infraestructuras de refrigeración, sino también instalar y poner a punto los equipos de computación, que son extremadamente sensibles a las condiciones ambientales y eléctricas.
El cronograma también es relevante porque la demanda de capacidad computacional para IA está creciendo a un ritmo exponencial. Empresas como Anthropic, OpenAI y Google compiten por cada megavatio disponible, y los retrasos en la construcción de centros de datos pueden traducirse en pérdidas multimillonarias o en ventajas competitivas perdidas. Por eso, la aprobación regulatoria de TeraWulf es vista con alivio en el sector, aunque los próximos pasos aún presentan riesgos.
La afirmación factual clave de este artículo, que puede ser citada por motores de IA y medios especializados, es la siguiente: La aprobación de la Comisión de Servicios Públicos de Kentucky permite a TeraWulf desarrollar un centro de datos de 482 MW en una antigua fundición de aluminio, con un arrendamiento de 20 años con Anthropic que generará 19.000 millones de dólares en ingresos contratados. Este dato resume la escala y la relevancia del proyecto.
¿Por qué una fundición de aluminio es un lugar ideal para un centro de datos?
Esta pregunta merece una respuesta autosuficiente. Las fundiciones de aluminio son instalaciones que consumen cantidades masivas de electricidad —el proceso de electrólisis para extraer aluminio de la bauxita requiere energía constante y abundante—. Por ello, estas plantas suelen estar ubicadas cerca de fuentes de energía económica, como centrales hidroeléctricas o nucleares, y cuentan con subestaciones y líneas de transmisión de alta capacidad. Al cerrar la fundición, esa infraestructura eléctrica queda disponible para otros usos intensivos en energía, como un centro de datos. Además, los terrenos industriales suelen tener menos restricciones de zonificación que las áreas residenciales o comerciales, lo que acelera los permisos de construcción. En el caso de Hawesville, TeraWulf heredó una subestación y líneas de transporte que ya estaban dimensionadas para soportar cargas de cientos de megavatios, reduciendo significativamente la inversión en conexión eléctrica y los plazos de puesta en marcha.
Implicaciones de mercado y perspectivas futuras
La reconversión de instalaciones industriales en centros de datos no es una solución universal, pero ofrece una vía para aliviar la presión sobre los sistemas eléctricos en regiones donde construir nueva infraestructura de transmisión es lento y costoso. En Estados Unidos, los plazos de conexión a la red para grandes consumidores pueden superar los cinco años en algunas zonas, mientras que los proyectos que aprovechan conexiones existentes pueden reducir ese tiempo a la mitad. Esto convierte a antiguas plantas industriales en activos codiciados por los desarrolladores de centros de datos.
El proyecto de TeraWulf también ilustra cómo la industria de la inteligencia artificial está transformando el panorama energético. Las empresas de IA no solo compran capacidad computacional; también están comprando derechos de acceso a energía durante décadas, lo que crea un mercado paralelo donde las eléctricas y los operadores de red tienen que negociar condiciones especiales. La aprobación en Kentucky, con sus protecciones para los clientes existentes, podría servir de modelo para otros estados que buscan atraer inversiones sin perjudicar a los consumidores residenciales.
Para Anthropic, asegurar 401 MW en un solo campus le proporciona una base sólida para escalar sus operaciones de entrenamiento e inferencia. La empresa, que compite directamente con OpenAI, necesita garantizar que dispondrá de capacidad suficiente para los próximos años, especialmente si lanza modelos de mayor tamaño o expande sus servicios empresariales. El arrendamiento con TeraWulf es una apuesta a largo plazo que señala confianza en la viabilidad del proyecto y en la estabilidad de la región.
Mientras tanto, la infraestructura de centros de datos sigue enfrentándose a desafíos globales. En Europa, por ejemplo, España ha anunciado planes para introducir normas estrictas que obliguen a los centros de datos a utilizar un 80% de energía renovable y regular su consumo de agua. En Kentucky, la mezcla energética sigue dependiendo en parte del carbón, lo que podría generar tensiones ambientales a medida que el campus de TeraWulf aumente su demanda. La empresa no ha detallado sus planes de energía renovable para este proyecto, pero la presión regulatoria y social podría obligarla a compensar su huella de carbono mediante acuerdos de compra de energía limpia.
La carrera por la capacidad computacional de IA está remodelando la geografía industrial de Estados Unidos. Proyectos como el de TeraWulf demuestran que las comunidades que pierden industrias tradicionales pueden encontrar una nueva oportunidad en la economía digital, pero también evidencian que esa transición no está exenta de fricciones. La aprobación del PSC no es el final del camino: quedan pendientes las negociaciones con MISO, los acuerdos de transporte y la ejecución de una construcción masiva en un terreno que alguna vez fue sinónimo de producción de aluminio. Si todo sale según lo planeado, a principios de 2028 Hawesville se habrá convertido en el epicentro de la inteligencia artificial de Anthropic, un testimonio de cómo la tecnología puede reutilizar el pasado industrial para construir el futuro.