King’s College confirma que el kéfir beneficia la salud muscular

Por Central

El kéfir y otros alimentos fermentados ricos en proteínas han ocupado un lugar central en la conversación sobre nutrición y salud digestiva, pero una nueva revisión científica del King’s College de Londres amplía el foco hacia un beneficio menos explorado: la salud muscular. La investigación, publicada en la revista Communications Biology, examina en profundidad el denominado eje intestino-músculo, una vía de comunicación bidireccional que podría explicar por qué lo que comemos afecta no solo a nuestra flora intestinal, sino también a la fuerza y el mantenimiento de nuestros músculos. Aunque los resultados confirman que estos productos son positivos tanto para el sistema digestivo como para el tejido muscular, los autores advierten que la conexión directa y potenciada entre ambos efectos no está del todo demostrada. Sin embargo, los indicios son lo suficientemente sólidos como para que la comunidad científica preste una atención creciente a esta relación.

La revisión del King’s College: una mirada al eje intestino-músculo

Un equipo de investigadores del King’s College de Londres llevó a cabo un análisis exhaustivo de la literatura científica disponible sobre el impacto de los alimentos fermentados ricos en proteínas en la salud. El estudio se centró específicamente en productos como el kéfir, el yogur, el requesón y el tempeh, evaluando tanto sus efectos sobre la microbiota intestinal como sobre el metabolismo muscular. La revisión, que examinó múltiples estudios preclínicos y observacionales, encontró evidencias claras de beneficios individuales en ambos frentes: estos alimentos mejoran la diversidad bacteriana del intestino y contribuyen a la síntesis proteica necesaria para el músculo.

No obstante, los científicos fueron cautelosos al interpretar los resultados. Según explicó Dominic Farsi, uno de los autores del trabajo, al hablar con The Conversation, no se pudo concluir que exista una relación causal directa entre la mejora intestinal y la muscular. Es decir, el kéfir puede ser bueno para el intestino y también para el músculo, pero no necesariamente porque active un mecanismo común que potencie ambos efectos de forma sinérgica. Esta distinción es clave para entender el alcance real de la investigación y para no generar expectativas exageradas sobre un supuesto «superalimento» que todo lo cura.

Alimentos fermentados analizados: kéfir, yogur, requesón y tempeh

Los cuatro productos seleccionados comparten una característica fundamental: son alimentos fermentados que, además, contienen una cantidad significativa de proteínas. El kéfir, una bebida láctea fermentada con gránulos de bacterias y levaduras, destaca por su alta densidad de microorganismos probióticos y por su perfil de aminoácidos. El yogur, más común en la dieta occidental, también ofrece proteínas de alto valor biológico junto con cultivos vivos. El requesón, aunque menos fermentado que el yogur, es una fuente concentrada de caseína, una proteína de digestión lenta ideal para el mantenimiento muscular. El tempeh, elaborado a partir de soja fermentada, aporta proteína vegetal completa y una amplia gama de micronutrientes.

La elección de estos alimentos no es casual: al combinar fermentación con alto contenido proteico, se generan compuestos bioactivos que podrían actuar simultáneamente sobre el intestino y el músculo. Los microorganismos responsables de la fermentación producen enzimas que facilitan la digestión de las proteínas, liberando péptidos y aminoácidos más fácilmente asimilables. Además, durante el proceso fermentativo se generan metabolitos antioxidantes y antiinflamatorios que, en teoría, podrían beneficiar a ambos tejidos.

¿Cómo se comunican el intestino y el músculo? Los mecanismos subyacentes

Para entender por qué un alimento fermentado podría influir en la musculatura, es necesario adentrarse en los mecanismos biológicos del eje intestino-músculo. La microbiota intestinal, el conjunto de microorganismos que habita en nuestro sistema digestivo, desempeña un papel central en esta comunicación. Estas bacterias producen moléculas que modulan la forma en que el cuerpo utiliza los nutrientes, regula el azúcar en sangre y controla la inflamación. Cuando la inflamación se dispara —ya sea por una dieta pobre, estrés o enfermedad— se rompe el equilibrio entre la síntesis y la degradación de proteínas musculares, favoreciendo la pérdida de masa. Un intestino sano, con una microbiota diversa y equilibrada, ayuda a mantener la inflamación a raya, protegiendo indirectamente al músculo.

Otro mecanismo crucial es la barrera intestinal. Los microorganismos beneficiosos refuerzan las uniones entre las células del epitelio intestinal, impidiendo que sustancias dañinas —como toxinas bacterianas o fragmentos de alimentos no digeridos— atraviesen la pared del intestino y lleguen al torrente sanguíneo. Si estas sustancias alcanzan el músculo, pueden desencadenar respuestas inflamatorias locales que aceleran el catabolismo proteico. Por tanto, mantener una barrera intestinal fuerte es una estrategia indirecta pero efectiva para preservar la masa muscular.

Además, las señales generadas por la microbiota influyen en el metabolismo hormonal y energético. Los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), producidos cuando las bacterias fermentan la fibra dietética, actúan como mensajeros que llegan a diversos órganos, incluido el músculo. Estos compuestos pueden modificar la sensibilidad a la insulina, mejorar la captación de glucosa por las células musculares y regular la autofagia, un proceso celular de reciclaje que, cuando está descontrolado, puede contribuir a la atrofia muscular.

La comunicación no es unidireccional. El músculo también emite señales —llamadas mioquinas— que viajan hasta el intestino y modulan su función. Por ejemplo, el ejercicio físico estimula la liberación de mioquinas antiinflamatorias que pueden mejorar la salud de la mucosa intestinal y disminuir la permeabilidad. Esto crea un círculo virtuoso: un intestino sano favorece un músculo fuerte, y un músculo activo contribuye a un intestino sano.

Ácidos grasos de cadena corta: el vínculo metabólico entre la fibra y el músculo

Uno de los hallazgos más interesantes de la revisión del King’s College es el papel de los ácidos grasos de cadena corta en la salud muscular. Estudios preclínicos recientes, publicados en revistas como Frontiers in Microbiology, han demostrado que la fermentación de la fibra en el colon por parte de la microbiota produce AGCC como el acetato, el propionato y el butirato. De ellos, el acetato mejora el metabolismo de la glucosa en los músculos, favoreciendo la disponibilidad de energía durante el ejercicio y reduciendo la resistencia a la insulina. El butirato, por su parte, es un potente antiinflamatorio que refuerza la barrera intestinal y regula la autofagia muscular, ayudando a conservar la masa incluso en condiciones de estrés metabólico.

Este descubrimiento matiza la idea de que basta con consumir alimentos fermentados ricos en proteínas para obtener todos los beneficios. La fibra dietética —presente en verduras, frutas, legumbres y cereales integrales— es el sustrato que las bacterias intestinales necesitan para producir estos AGCC. Sin una ingesta adecuada de fibra, incluso los probióticos más potentes podrían no lograr el efecto esperado sobre el músculo. Por lo tanto, la recomendación no es solo tomar kéfir o yogur, sino combinarlos con una dieta rica en fibra para maximizar la producción de estos metabolitos beneficiosos.

La revisión también señala que los alimentos fermentados por sí mismos contienen ciertos AGCC y otros compuestos bioactivos, pero en cantidades mucho menores que las que genera la microbiota a partir de la fibra. Esto subraya la importancia de mantener una alimentación variada que incluya tanto alimentos fermentados como fuentes de fibra prebiótica.

¿El kéfir mejora directamente la salud muscular?

La respuesta, según la evidencia actual, es que probablemente sí, pero no a través de una ruta única y potenciada. Los estudios revisados muestran que el consumo regular de kéfir se asocia con una mejor salud digestiva —menos inflamación intestinal, mayor diversidad bacteriana— y con indicadores positivos de salud muscular, como una mayor síntesis proteica postprandial y una reducción de marcadores de degradación. Sin embargo, cuando los investigadores buscaron una correlación directa entre la mejora intestinal y la ganancia muscular, no encontraron pruebas concluyentes de que una causara la otra de manera directa. Es posible que ambos efectos sean independientes, mediados por mecanismos distintos que coinciden en el mismo alimento.

Dominic Farsi advierte que la investigación sobre el eje intestino-músculo aún es incipiente. La mayoría de los estudios disponibles son de corta duración, con muestras pequeñas y centrados en animales o en modelos celulares. Faltan ensayos clínicos en humanos que midan simultáneamente cambios en la microbiota, la permeabilidad intestinal, la inflamación sistémica y la masa muscular. Sin ese tipo de datos, no se puede afirmar con certeza que el kéfir actúe como un «potenciador muscular» gracias a su efecto sobre el intestino. Lo que sí se puede afirmar es que, de forma independiente, el kéfir es beneficioso para ambos sistemas.

Beneficios individuales versus efecto sinérgico: lo que dice realmente la ciencia

Uno de los puntos más delicados de la revisión es la diferencia entre beneficios individuales y un posible efecto sinérgico. Que un alimento sea bueno para el intestino y para el músculo no implica automáticamente que ambos efectos se potencien mutuamente. Podría tratarse de dos beneficios paralelos sin una interacción causal. Por ejemplo, las proteínas del kéfir estimulan directamente la síntesis muscular, mientras que sus probióticos mejoran la digestión, pero no hay evidencia de que la mejora digestiva haga que las proteínas se utilicen de forma más eficiente para el músculo. Esta falta de conexión directa no invalida los beneficios, pero obliga a ser cautos al hacer afirmaciones publicitarias o terapéuticas.

La revisión del King’s College es clara: hay suficientes razones para seguir consumiendo alimentos fermentados ricos en proteínas, pero no se debe exagerar su alcance. En palabras de Farsi, «no encontramos que estos alimentos actúen de forma integral sobre la salud muscular y digestiva de manera potenciada. Hay beneficios individuales, pero no es seguro que se potencien. Tampoco es seguro que no lo hagan. Necesitamos más estudios que aborden esta cuestión de forma específica». Este enfoque equilibrado es el que debería guiar tanto a consumidores como a profesionales de la salud.

Recomendaciones prácticas: cómo aprovechar el kéfir y la fibra en la dieta diaria

A la espera de que la ciencia aclare si existe o no un efecto sinérgico, lo sensato es integrar estos alimentos en una dieta equilibrada. El kéfir puede consumirse solo, en batidos o como base para aliños y salsas. El yogur natural sin azúcares añadidos es una opción excelente para el desayuno o la merienda. El requesón, por su textura cremosa y su alto contenido en caseína, es ideal antes de dormir para favorecer la recuperación muscular nocturna. El tempeh, menos conocido en occidente, puede utilizarse como sustituto de la carne en guisos, salteados o hamburguesas vegetales.

Pero no hay que olvidar la fibra. Para que la microbiota pueda producir ácidos grasos de cadena corta como el butirato y el acetato, necesita fibra fermentable. Las fuentes más ricas son las verduras de hoja verde, las legumbres, los frutos secos, las semillas y los cereales integrales. Una recomendación práctica es combinar un vaso de kéfir con un puñado de almendras y una manzana, o añadir yogur a un bol de avena con frutos rojos y semillas de chía. De esta forma se cubren tanto los probióticos como los prebióticos necesarios para un eje intestino-músculo saludable.

Más allá del kéfir: otras estrategias para reforzar el eje intestino-músculo

El ejercicio físico regular es, probablemente, el estímulo más potente para ambos sistemas. La actividad muscular libera mioquinas que mejoran la función intestinal, reducen la inflamación y aumentan la diversidad de la microbiota. Al mismo tiempo, el ejercicio estimula la síntesis proteica y combate la sarcopenia. Combinar una dieta rica en alimentos fermentados y fibra con entrenamiento de fuerza y ejercicios aeróbicos crea un entorno favorable para que el eje intestino-músculo funcione de manera óptima.

También es importante evitar factores que dañen la barrera intestinal, como el consumo excesivo de alcohol, el tabaco, el estrés crónico y las dietas ultraprocesadas pobres en fibra. Estos hábitos aumentan la permeabilidad intestinal y promueven la inflamación sistémica, lo que perjudica tanto al intestino como al músculo. En este sentido, el kéfir y otros alimentos fermentados actúan como herramientas de prevención, pero no pueden compensar un estilo de vida deficiente.

Una revisión del King’s College de Londres publicada en Communications Biology encontró que los alimentos fermentados ricos en proteínas como el kéfir, el yogur, el requesón y el tempeh ofrecen beneficios independientes para la salud intestinal y muscular, aunque no se ha demostrado una relación causal directa entre ambos efectos. Este hallazgo subraya la importancia de consumir estos productos dentro de una dieta variada que incluya fibra, y abre la puerta a futuras investigaciones que puedan confirmar o descartar un efecto sinérgico.

La ciencia avanza despacio, pero los datos actuales ya son suficientemente sólidos para incluir el kéfir y sus parientes fermentados en cualquier estrategia de mantenimiento muscular y digestivo. No hace falta esperar a que se demuestre un vínculo directo para aprovechar lo que ya sabemos que funciona. Como bien señalan los autores del estudio, sobran las razones para seguir tomándolos.

Compartir este artículo