Lana de oveja frena el deshielo de un glaciar suizo a la mitad

Cuatro estudiantes de la Universidad de Lausana cubrieron parte del glaciar Tsanfleuron con lana de oveja y lograron reducir el deshielo a la mitad.

Por Central
Lana de oveja frena el deshielo de un glaciar suizo a la
Destacados
  • El experimento Keep It Wool redujo el deshielo del glaciar Tsanfleuron aproximadamente un 50% durante el verano de 2026.
  • La lana de oveja demostró una eficacia similar a los geotextiles sintéticos pero con la ventaja de ser biodegradable.
  • Los investigadores planean continuar las pruebas en 2027 con prototipos mejorados para evaluar su durabilidad.

En septiembre de 2026, cuatro estudiantes de la Universidad de Lausana subieron hasta el glaciar Tsanfleuron, en los Alpes suizos, para comprobar el resultado de un experimento que había comenzado tres meses antes. La idea era tan sencilla como inusual: cubrir parte del hielo con lana de oveja y esperar. Cuando llegó el momento de las mediciones, los datos confirmaron que aquella manta natural había reducido el deshielo localizado aproximadamente a la mitad, un rendimiento muy cercano al de los geotextiles sintéticos que se utilizan desde hace años en la misma zona. El hallazgo no solo sorprendió a los investigadores, sino que abrió una vía para repensar el uso de materiales biodegradables en la protección de superficies heladas, en un contexto donde la pérdida de hielo en los Alpes suizos supera los mil millones de metros cúbicos anuales.

El experimento Keep It Wool: 200 metros cuadrados de lana en el glaciar Tsanfleuron

El proyecto, bautizado como Keep It Wool, nació en 2025 en el seno de la Universidad de Lausana y la Summit Foundation. Los estudiantes de máster Maxime Galley, Elliot Gaffiot, José Bastidas y Léonard Duloube comenzaron a desarrollar la idea de utilizar lana de oveja como alternativa a las cubiertas sintéticas para frenar el deshielo. El 22 de junio de 2026 llevaron su propuesta al glaciar Tsanfleuron, en la estación de Glacier 3000, e instalaron dos prototipos fabricados por la empresa suiza Fisolan. Se trataba de dos superficies de 100 metros cuadrados cada una, con densidades de lana diferentes: 400 gramos por metro cuadrado en un caso y 750 gramos en el otro. Junto a ellas colocaron una cubierta geotextil convencional de poliéster o polipropileno, para tener un punto de comparación durante todo el verano.

Cada dos semanas, el equipo regresó al glaciar para medir cuánto hielo y nieve había desaparecido bajo cada material, y para comprobar cómo soportaba la lana las duras condiciones de alta montaña: humedad constante, viento fuerte, lluvia y cambios bruscos de temperatura. Las expectativas eran prudentes, porque nadie sabía hasta qué punto un material natural podría aguantar meses de exposición sin degradarse. Sin embargo, las primeras observaciones superaron las previsiones incluso de los propios fabricantes. La lana conservó su estructura y las diferencias frente al geotextil sintético fueron pequeñas.

¿Cómo funciona la lana de oveja para frenar el deshielo?

La lana de oveja actúa como barrera entre la superficie helada y el ambiente. Reduce la radiación solar que alcanza directamente la nieve y dificulta el intercambio de calor con el exterior. Pero además, la lana añade una propiedad conocida desde hace siglos en la industria textil: sus fibras atrapan aire y forman una capa aislante que ralentiza la transferencia de calor. Puede absorber humedad sin perder inmediatamente todo su grosor, lo que resulta especialmente útil en un entorno sometido a lluvia y al agua procedente del propio deshielo. En términos prácticos, la lana crea un microclima bajo la cubierta que mantiene el hielo más frío durante más tiempo, exactamente igual que un abrigo mantiene caliente a quien lo lleva.

Comparación con geotextiles sintéticos: rendimiento casi idéntico

Los geotextiles convencionales, fabricados principalmente con poliéster o polipropileno, se utilizan desde hace años en estaciones de esquí y otras instalaciones alpinas para proteger pequeñas superficies de nieve y hielo durante el verano. Su eficacia está documentada: pueden reducir el deshielo localizado entre un 50% y un 70%. En el experimento de Tsanfleuron, los prototipos de lana de oveja ofrecieron una protección comparable durante todo el ensayo. Aunque los resultados completos aún necesitan más experimentación, los datos de septiembre indicaron que la lana se situó en el mismo rango de efectividad que los materiales sintéticos. No hubo una diferencia significativa que justificara descartar la alternativa natural.

El problema de los geotextiles sintéticos no es su eficacia, sino su impacto ambiental. El viento, la radiación ultravioleta, las precipitaciones y el desgaste mecánico pueden desprender fibras plásticas que terminan arrastradas por el agua del deshielo hacia los ecosistemas situados montaña abajo. En un contexto donde la contaminación por microplásticos es una preocupación creciente, cualquier material que pueda reducir esa huella sin sacrificar rendimiento tiene un valor estratégico evidente.

El problema de los microplásticos y la oportunidad de la lana suiza

Suiza produce lana de oveja principalmente como subproducto de la cría de animales para carne, leche o mantenimiento del paisaje. El mercado para esta lana es limitado, y las estimaciones del proyecto Keep It Wool apuntan a que entre el 40% y el 70% de la lana suiza termina desechada, compostada o incinerada cada año. Es un material local, renovable y biodegradable que apenas tiene salida comercial. El experimento intenta conectar dos problemas: aprovechar ese excedente de lana y reducir el plástico utilizado para conservar determinadas superficies heladas.

La lana no requiere procesos industriales complejos para su uso en glaciares. Puede colocarse en mantas directamente sobre el hielo, y al ser biodegradable, no genera residuos plásticos persistentes. Si el ensayo demuestra que puede soportar varios ciclos de congelación, lluvias y vientos fuertes, podría convertirse en una alternativa real para aplicaciones localizadas, como pistas de esquí o zonas de remontes que necesitan conservar nieve durante el verano.

Limitaciones y escalabilidad: ¿puede la lana salvar los glaciares?

Es necesario poner los números en perspectiva. Actualmente, los geotextiles protegen apenas el 0,02% de la superficie glaciar suiza, lo que permite conservar unos 300.000 metros cúbicos de nieve al año. Frente a pérdidas de hielo que pueden rondar los 1.000 millones de metros cúbicos anuales, la contribución de cualquier cubierta, ya sea sintética o de lana, es marginal a escala global. Extender estas mantas a una superficie capaz de modificar significativamente el retroceso de los glaciares costaría más de 1.500 millones de dólares, y seguiría sin solucionar el aumento de las temperaturas que provoca su desaparición.

Dicho esto, la lana sí puede tener sentido para aplicaciones concretas. Las estaciones de esquí y las instalaciones alpinas necesitan conservar nieve en áreas específicas para garantizar la temporada. Ahí, donde la superficie a cubrir es pequeña y el beneficio económico directo, la lana ofrece una ventaja ambiental clara frente a los geotextiles plásticos. No se trata de envolver los Alpes con mantas de lana, sino de utilizar un recurso local y biodegradable allí donde realmente se necesita, reduciendo al mismo tiempo la generación de microplásticos.

Próximos pasos: durabilidad y análisis de ciclo de vida

El ensayo de 2026 es solo un primer experimento de campo. Para que la lana pueda considerarse una alternativa viable, falta comprobar cómo envejece después de sucesivos ciclos de congelación, lluvias intensas y fuertes vientos. También es necesario calcular cuánto cuesta mantenerla: si requiere reemplazo anual o puede durar varias temporadas. Y, por supuesto, hay que evaluar su impacto ambiental completo cuando se incluyen el lavado, el procesado y el transporte de la lana hasta el glaciar.

Los estudiantes y sus colaboradores ya planean continuar las pruebas en 2027, con prototipos mejorados y un monitoreo más detallado. La pregunta clave es si la lana puede soportar más de un verano sin perder su capacidad aislante. Si la respuesta es afirmativa, el camino hacia una adopción más amplia se acorta considerablemente.

La imagen que dejó este primer verano resulta difícil de ignorar: cuatro estudiantes extendieron 200 metros cuadrados de lana de oveja sobre un glaciar suizo y, cuando llegó septiembre, comprobaron que una solución utilizada durante siglos para mantener calientes a los humanos también podía servir para mantener frío el hielo. No es la solución definitiva al retroceso glaciar, pero sí una demostración de que los materiales naturales pueden competir con los sintéticos en eficacia, con la ventaja añadida de ser biodegradables y locales. En un mundo que busca reducir su dependencia del plástico, esa no es una noticia menor.

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