La reintroducción de 25 pigargos en Asturias reaviva la controversia

El programa de reintroducción del pigargo europeo en Asturias genera un intenso debate sobre su impacto ecológico y la falta de certezas históricas.

Por Central
La reintroducción de 25 pigargos en Asturias reaviva la controversia
Destacados
  • De los 25 pigargos liberados en Asturias, 17 han sobrevivido y 12 han formado parejas reproductoras.
  • La presencia del pigargo añade presión depredadora sobre el salmón atlántico, una especie ya en grave declive.
  • La falta de certeza sobre la presencia histórica del pigargo en España cuestiona la base científica de la reintroducción.

El salmón atlántico de los ríos asturianos y cántabros acumula décadas de declive: aguas más cálidas, cambios hidrológicos, enfermedades, sobrepesca y pérdida de hábitat. En 2021, cuando su situación ya era crítica, un nuevo depredador apareció en escena. Un grupo de 25 pigargos europeos (Haliaeetus albicilla), el águila más grande del continente, fue liberado en Asturias como parte de un programa de reintroducción oficial. Cinco años después, el proyecto ha logrado que 17 ejemplares sobrevivan, que 12 formen parejas y que incluso nazcan polluelos en libertad. Pero el aparente éxito esconde una controversia profunda: la operación pudo haber sido innecesaria, científicamente discutible y potencialmente dañina para un ecosistema ya tensionado.

La sombra del pigargo sobre el salmón atlántico

El salmón atlántico (Salmo salar) atraviesa su peor momento en el norte de España. Un estudio de la Universidad Complutense de Madrid señala que la combinación de factores locales y globales —calentamiento de las aguas, alteración del régimen de caudales, enfermedades como la furunculosis y la presión pesquera— ha reducido drásticamente las poblaciones reproductoras. Este año, la esperada captura del «campanu», el primer salmón de la temporada, se hizo eterna, reflejando la magnitud del desplome.

En ese contexto frágil aterrizó el pigargo. Aunque su dieta incluye peces, aves y mamíferos, los estudios indican que los pigargos se congregan durante la remontada del salmón para desovar, ejerciendo una presión adicional sobre un recurso ya mermado. La literatura científica documenta cómo estas águilas colaboran en la caza de salmones en los ríos, y su presencia en Asturias y Cantabria no es una excepción. Nadie afirma que el pigargo sea el culpable del declive del salmón, pero su introducción añade un factor de estrés extra a una especie que no podía permitirse más amenazas.

25 ejemplares, 17 supervivientes: los datos de la reintroducción

El programa comenzó en 2021 con la llegada de nueve pigargos procedentes de Noruega, autorizado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) en aplicación de la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad. El pigargo figuraba desde 2018 en el Listado de especies extinguidas en el medio natural español, lo que habilitaba legalmente su reintroducción. En total se liberaron 25 individuos. Según datos de Ecoticias replicados por diversas fuentes, 17 continúan con vida, 12 se han emparejado y ya se han registrado nacimientos de polluelos en libertad, incluyendo ejemplares nacidos en Castilla y León.

Sin embargo, los críticos señalan que estos números no reflejan el verdadero impacto ecológico. Que los pigargos se reproduzcan no implica que su presencia sea beneficiosa o neutral para el ecosistema. Y la pregunta de fondo sigue sin respuesta: ¿realmente vivió alguna vez esta ave en España?

¿Un habitante histórico o una especie foránea?

Uno de los argumentos más sólidos de la Coordinadora Ecoloxista d’Asturies es que no existen pruebas concluyentes de que el pigargo europeo habitara de forma natural en la península ibérica. La organización, que ha pedido retirar la especie del listado de extinguidas, sostiene que la evidencia disponible es débil y que la decisión de reintroducirlo se basó más en criterios administrativos que científicos. Además, subrayan que la especie está catalogada como «preocupación menor» por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), con poblaciones estables o en aumento en gran parte de Europa, Escandinavia y Rusia. En Noruega, por ejemplo, es abundante. Por tanto, la reintroducción no respondía a una necesidad de conservación global ni local prioritaria.

GREFA, la organización implicada en el proyecto, defiende lo contrario. Argumenta que el pigargo actúa como especie carroñera y bioindicadora de humedales, ayuda a controlar poblaciones abundantes y, de forma indirecta, beneficia a otras especies amenazadas. Según GREFA, no hay evidencia de que los pigargos liberados perjudiquen al quebrantahuesos ni a otras aves amenazadas del entorno.

Un choque de interpretaciones ecológicas

La controversia enfrenta dos visiones sobre lo que significa restaurar un ecosistema. Para unos, recuperar una especie que potencialmente formó parte del paisaje histórico es un acto de justicia ecológica. Para otros, cualquier introducción debe ir precedida de una certeza científica absoluta sobre la presencia histórica, el nicho ecológico y los impactos previsibles. En este caso, la falta de consenso sobre la presencia pretérita del pigargo en España convierte la operación en un experimento con consecuencias impredecibles.

La Ley 42/2007 establece que las especies extinguidas en el medio natural español pueden ser reintroducidas siempre que se cumplan ciertos requisitos. El MITECO incluyó al pigargo en el listado de extinguidas en 2018, lo que abrió la puerta legal al proyecto. Pero la ley no exige una evaluación de riesgos tan detallada como la que reclaman los ecologistas. La Administración actuó conforme a la normativa, pero la pregunta científica sigue abierta: ¿es seguro y necesario reintroducir un gran depredador en un ecosistema que ya enfrenta múltiples presiones?

Un estudio publicado en Dialnet (citado por la Coordinadora Ecoloxista) sostiene que ni siquiera hay pruebas claras de que el pigargo viviera antes en España. Este vacío de evidencia es, precisamente, el núcleo del debate. Los defensores del proyecto señalan que el pigargo aparece en registros paleontológicos y citas históricas, pero los críticos consideran esas referencias insuficientes o ambiguas.

Tabla: situación del pigargo y del salmón atlántico en el norte de España

Especie Estado IUCN global Población en España Presión ecológica
Pigargo europeo (Haliaeetus albicilla) Preocupación menor Reintroducido (17 vivos, 12 parejas, polluelos) Depredador de peces, aves y mamíferos; compite con otras rapaces
Salmón atlántico (Salmo salar) Vulnerable (en Europa) En declive crítico en Asturias y Cantabria Sobrepesca, calentamiento, enfermedades, pérdida de hábitat, y ahora presión del pigargo

Preguntas clave sobre la reintroducción del pigargo en Asturias

¿Qué es el pigargo europeo y por qué se considera extinguido en España?

El pigargo europeo (Haliaeetus albicilla) es el águila más grande de Europa, con una envergadura que puede superar los dos metros. Se alimenta principalmente de peces, aves acuáticas y carroña. Fue incluido en el Listado de especies extinguidas en el medio natural español en 2018, lo que legalmente lo consideró desaparecido del territorio nacional y habilitó su reintroducción. No obstante, no hay consenso científico sobre si realmente habitó la península ibérica de forma continua o si sus apariciones fueron esporádicas.

¿Cuántos pigargos se liberaron y cuántos sobreviven?

Entre 2021 y los años siguientes se liberaron 25 individuos procedentes de Noruega. Según datos reportados, 17 ejemplares sobreviven en libertad, 12 están emparejados y ya han nacido polluelos en el medio natural, incluyendo nacimientos en Castilla y León. La tasa de supervivencia es relativamente alta, pero los críticos cuestionan que el éxito reproductivo justifique los riesgos ecológicos.

¿Cuáles son los principales argumentos en contra de la reintroducción?

La Coordinadora Ecoloxista d’Asturies y otros colectivos señalan tres puntos: primero, el pigargo no está amenazado a nivel global (IUCN lo cataloga como «preocupación menor»); segundo, no hay pruebas concluyentes de que habitara España históricamente; tercero, es un depredador voraz que puede aumentar la presión sobre especies ya amenazadas como el salmón atlántico, además de competir con otras rapaces y aves carroñeras.

¿Qué dice GREFA en defensa del proyecto?

GREFA sostiene que el pigargo cumple un papel ecológico beneficioso como carroñero y bioindicador de la salud de los humedales. También argumenta que ayuda a controlar poblaciones de especies abundantes y que no perjudica a otras aves amenazadas, como el quebrantahuesos. La organización defiende que la reintroducción es positiva para el ecosistema en su conjunto, siempre que se monitoree adecuadamente.

¿Qué impacto tiene el pigargo sobre el salmón atlántico?

Estudios documentan que los pigargos se congregan para cazar salmón durante su remontada de desove. Aunque no son la causa principal del declive del salmón —que responde a factores climáticos, hidrológicos y humanos—, su presencia añade una presión depredadora adicional sobre una población ya muy reducida. Para los críticos, este impacto es inaceptable sin una evaluación rigurosa previa.

Un experimento ecológico sin red de seguridad

La reintroducción del pigargo en Asturias ilustra las tensiones entre la voluntad de restaurar ecosistemas y la prudencia científica. El proyecto se ha ejecutado dentro del marco legal, pero ha dejado preguntas abiertas que la comunidad científica y las organizaciones ecologistas consideran fundamentales. La falta de certeza sobre la presencia histórica del ave, el buen estado global de sus poblaciones y los riesgos concretos para especies autóctonas como el salmón atlántico convierten este caso en un precedente delicado.

Mientras los 17 pigargos sobrevivientes continúan criando en los valles asturianos y cántabros, el debate no se cierra. La experiencia servirá, al menos, para que futuras decisiones de reintroducción se tomen con un nivel de exigencia científica mayor. Porque mantener ecosistemas es una tarea delicada, y cualquier alteración —incluso la que pretende restaurar— puede tener consecuencias que tardan años en manifestarse. Los salmones del norte de España, cada vez más escasos, quizá sean los primeros en dar la señal de alarma.

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