Más de 16 millones de personas desafiaron la gravedad a bordo de X2, la montaña rusa más extrema de Six Flags Magic Mountain, pero fueron los pasajeros que no regresaron intactos los que terminaron por determinar su destino. El parque californiano ha clausurado de forma permanente la atracción tras destaparse un patrón alarmante: más de un centenar de pasajeros aseguran haber sufrido lesiones cerebrales tras el viaje, incluyendo hemorragias intracraneales, traumatismos severos y al menos dos fallecimientos que han sido relacionados con la experiencia. La decisión, anunciada a finales de septiembre de 2026, pone fin a casi dos décadas de funcionamiento de una de las montañas rusas más singulares y peligrosas del mundo.
Las cifras de un icono de la ingeniería extrema
X2 no era una atracción convencional ni pretendía serlo. Su historia arrancó en enero de 2002, cuando abrió sus puertas con el nombre de X, aunque apenas unos meses después tuvo que cerrar temporalmente para someterse a mejoras de diseño. Reabrió en 2007 con su nombre definitivo, X2, y desde entonces se convirtió en un referente para los amantes de las emociones fuertes. Su propuesta era radicalmente diferente a cualquier otra montaña rusa del continente: los asientos rotan 360 grados sobre su propio eje mientras el tren recorre la vía, una característica que solo comparten dos atracciones similares en el mundo, ambas en Asia, una de las cuales cerró temporalmente el año pasado tras un accidente fatal.
Las especificaciones de X2 explican por sí solas por qué atrajo a más de 16 millones de visitantes desde 2008:
| Especificación | Valor |
|---|---|
| Caída inicial | 66 metros en ángulo casi vertical |
| Velocidad máxima | 122 km/h, próxima a 130 km/h en ciertos tramos |
| Longitud del recorrido | 1.100 metros |
| Pasajeros desde 2008 | Más de 16 millones |
| Rotación de asientos | 360º alrededor de la vía |
| Años de operación | 2002 (como X), 2007-2026 (como X2) |
Durante más de una década, la compañía promocionó X2 como un rito de iniciación para quienes buscan la máxima intensidad sobre raíles. Sin embargo, la misma combinación de velocidad, altura y movimientos impredecibles que hacía única la experiencia parece haber sido también la causa de su final. CNN documentó que la atracción había estado «frecuentemente fuera de servicio» a lo largo de su vida útil, un historial de problemas que, en retrospectiva, podría haber anticipado lo que estaba por venir.
La investigación que destapó el alcance de las lesiones
El punto de inflexión llegó en agosto de 2026 con un trabajo de CNN que puso nombre y apellidos a una sospecha que llevaba años circulando entre médicos y expertos en seguridad de atracciones. La cadena documentó más de una docena de casos graves de personas que sufrieron lesiones neurológicas severas tras subirse a X2: hemorragias cerebrales, hematomas subdurales agudos y traumatismos craneales que requirieron hospitalización y cirugía de emergencia. La investigación identificó al menos dos comas y dos fallecimientos ligados directamente a la atracción, con testimonios de neurocirujanos que habían intervenido a los afectados.
A raíz de la publicación del reportaje, el número de denunciantes se disparó. NBC News informó a finales de septiembre de que más de un centenar de personas afirmaban haber sufrido daños cerebrales tras montar en X2. La firma de abogados Dordick Law Corporation, que representa a varios de los demandantes, señaló que había recibido cientos de consultas de posibles afectados. La BBC, por su parte, habló abiertamente de «cientos de denuncias» en relación con el caso.
¿Qué tipo de lesiones cerebrales documentaron exactamente los médicos que atendieron a los pacientes de X2? Los partes clínicos recogen hemorragias intracraneales, hematomas subdurales agudos y contusiones cerebrales severas. En varios casos, los neurocirujanos describieron un patrón de daño similar al del síndrome del bebé sacudido, provocado por la aceleración y desaceleración bruscas y repetidas de la cabeza contra el respaldo del asiento. Algunas víctimas requirieron cirugía de urgencia, intubación y meses de rehabilitación para recuperar funciones básicas como el habla o la capacidad de caminar.
Las víctimas detrás de las estadísticas
Pamela Guillén tenía 40 años cuando se subió a X2 en julio de 2026. Lo hizo para celebrar el cumpleaños de su hija, en lo que debía ser un día de diversión familiar. Durante el trayecto, su cabeza golpeó repetidamente el respaldo del asiento. Al descender del vagón necesitó ayuda para mantenerse en pie, vomitó y perdió el conocimiento. Su hija relató a CNN que intentó reanimarla frotándole la pierna y sacudiéndola, pero no respondía. El diagnóstico fue demoledor: un hematoma subdural grave con compresión cerebral. Guillén pasó dos semanas en coma inducido, fue intubada y sometida a cirugía. Despertó con 20 grapas en el cuero cabelludo. Meses después, aunque ha recuperado la capacidad de hablar y caminar, sigue sufriendo fuertes dolores de cabeza y toma medicación anticonvulsiva a diario para prevenir las convulsiones.
Días después de la experiencia de Guillén, Naomi Greer-Wilkinson, de 25 años, montó en X2. Su caso siguió una trayectoria casi idéntica: pérdida de conocimiento, intervención neuroquirúrgica y un coma del que aún no había salido a finales de agosto, cuando CNN difundió su historia. La cadena documentó además otros dos incidentes con desenlace mortal. Entre ellos, el de un joven de 22 años que gozaba de buena salud antes de subirse a la atracción y cuyas lesiones fueron calificadas por el neurocirujano que lo intervino como similares a las del síndrome del bebé sacudido, un cuadro clínico causado por movimientos violentos e incontrolados de la cabeza que desgarran los vasos sanguíneos del cerebro.
La jubilación forzada de X2 y la postura de Six Flags
¿Cuándo y por qué cerró Six Flags la montaña rusa X2? La compañía anunció el cierre definitivo el 29 de septiembre de 2026, tras la publicación de la investigación de CNN y la posterior oleada de denuncias que elevó la cifra de afectados a más de un centenar. En el comunicado oficial, Brian Oerding, responsable de Six Flags Magic Mountain, insistió en que la montaña rusa había superado «sistemáticamente» todas las revisiones de seguridad a lo largo de su vida útil, pero añadió: «Hemos decidido cerrar la atracción porque creemos que es lo correcto. La seguridad es un pilar. Cuando la confianza de nuestros visitantes se ve afectada, nos lo tomamos muy en serio».
El comunicado omitió cualquier referencia explícita a la investigación de CNN o a las más de cien denuncias de lesiones cerebrales. La empresa tampoco reconoció que los daños neurológicos pudieran estar vinculados al uso de su atracción. En el pasado, los abogados de Six Flags habían argumentado que el parque cuenta con carteles que advierten de la «existencia de riesgos inherentes» al subirse a montañas rusas como X2, una defensa que los afectados consideran insuficiente y que ha sido cuestionada por los tribunales. La frase de Pamela Guillén condensa el sentir de las víctimas: «Hay una diferencia entre que te zarandeen y sufrir daño cerebral».
El cierre de la atracción no pone fin al proceso legal. Los despachos de abogados que representan a los afectados continúan acumulando casos y preparando demandas colectivas contra la compañía, que deberá responder ante los tribunales por un diseño que, según los denunciantes, nunca debió haber llegado al público sin evaluar adecuadamente el riesgo de lesiones cerebrales.
La mecánica del daño: qué ocurre dentro del cráneo
Comprender qué ocurre en el cerebro de un pasajero de X2 durante el recorrido ayuda a explicar la magnitud del problema. El tren alcanza los 122 km/h en segundos, se deja caer 66 metros en un ángulo casi vertical y somete al cuerpo a cambios bruscos de aceleración y dirección. En una montaña rusa convencional, el torso está sujeto al asiento y la cabeza tiene cierto margen para anticipar los movimientos. En X2, la rotación constante de los asientos 360 grados alrededor de la vía elimina esa capacidad de anticipación, haciendo que la cabeza golpee repetidamente contra el respaldo sin que el pasajero pueda prepararse para el impacto.
El resultado, en un número significativo de casos, ha sido el mismo que se observa en accidentes de tráfico o en el síndrome del bebé sacudido: las fuerzas de cizallamiento desgarran los vasos sanguíneos que conectan el cerebro con las meninges, provocando hemorragias que comprimen el tejido cerebral. Si no se tratan con urgencia, estas hemorragias causan daño neurológico permanente o la muerte. Varios de los afectados por X2 requirieron cirugía de emergencia para drenar la sangre acumulada en el cráneo, y algunos continúan con secuelas neurológicas meses después del incidente.
Los médicos llevan años advirtiendo de que la búsqueda de la atracción perfecta —más alta, más rápida, más impredecible— está llevando a los pasajeros al límite de su capacidad fisiológica. La literatura médica ha documentado desde hace tiempo los riesgos de las montañas rusas extremas, especialmente en lo que respecta a lesiones cerebrales provocadas por fuerzas G y movimientos bruscos. El caso de X2, sin embargo, es excepcional por la magnitud del problema: más de un centenar de denuncias en un solo modelo de atracción apuntan a un posible defecto de diseño o a una subestimación de los riesgos biomecánicos durante su desarrollo.
El legado de X2 y el futuro de las atracciones extremas
X2 acumuló más de un centenar de denuncias por lesiones cerebrales en sus 18 años de funcionamiento, con al menos dos fallecimientos documentados por investigaciones periodísticas de CNN y NBC News. El cierre de la montaña rusa representa un punto de inflexión para la industria del entretenimiento mecánico. No es la primera atracción que se clausura por motivos de seguridad, pero sí una de las más emblemáticas y la que ha generado un mayor número de denuncias por daño neurológico documentadas por medios de comunicación y respaldadas por informes médicos.
El caso abre interrogantes incómodos para los parques temáticos de todo el mundo, que compiten por ofrecer experiencias cada vez más intensas sin que exista una regulación específica sobre los límites biomecánicos que el cuerpo humano puede soportar. La pregunta que sobrevuela no es solo si X2 debería haber cerrado antes, sino cuántas otras atracciones extremas podrían estar generando un daño que aún no se ha medido ni denunciado. Los fabricantes de montañas rusas y los operadores de parques se enfrentan ahora al desafío de reconciliar la innovación en el diseño con la seguridad neurológica de los pasajeros, un equilibrio que durante años se ha dado por sentado sin la evidencia científica necesaria.
Más de 16 millones de personas vivieron la experiencia de X2 y la recordarán como una aventura extrema. Pero para más de un centenar de ellas, esa aventura terminó en un quirófano, en una rehabilitación interminable o, en los casos más trágicos, en una vida que se apagó antes de tiempo. Esa es la verdadera historia de la montaña rusa que prometía desafiar la gravedad y terminó desafiando los límites del cuerpo humano, dejando tras de sí un legado de preguntas sin respuesta que la industria del entretenimiento extremo no podrá ignorar.