El canciller alemán Friedrich Merz ha vuelto a poner sobre la mesa una reforma que podría redefinir el concepto de jornada laboral en Alemania. Su propuesta, defendida ante la patronal BDA el pasado 13 de octubre, no busca reducir las horas trabajadas, sino reorganizarlas: pasar de un límite diario a un cómputo semanal, permitiendo jornadas de hasta 12 horas. El ejemplo más llamativo que utiliza es una semana de tres días de trabajo intensivo, seguidos de cuatro días libres, un modelo que ya operan en algunas fábricas y que recuerda al de los médicos de urgencias o los bomberos. La idea ha reabierto un debate profundo sobre la conciliación, la fatiga laboral y el papel del Estado en la regulación del tiempo de trabajo.
La propuesta de Merz: jornadas de 12 horas sin superar el límite semanal
Merz defiende una reforma que figura en el acuerdo de coalición de CDU, CSU y SPD. El núcleo de la propuesta es modificar la ley alemana de tiempo de trabajo (Arbeitszeitgesetz) para que las horas se computen por semana, no por día. Actualmente, la ley fija un máximo de 8 horas por día laborable, ampliable a 10 si, en un periodo de seis meses o 24 semanas, la media vuelve a situarse en 8. Como el sábado se considera laborable en Alemania, el techo semanal queda en 48 horas (8 horas por 6 días). La reforma no tocaría ese techo, que viene de la directiva europea de tiempo de trabajo, pero permitiría concentrar esas 48 horas en menos días.
El ejemplo estrella de Merz es un modelo de tres jornadas de 12 horas, que suman 36 horas semanales, aunque también podría llegar a cuatro jornadas de 12 horas (48 horas). En su discurso ante la BDA, citó una fábrica en Lusacia, propiedad de una empresa finlandesa que produce sustitutos del plástico con madera. Allí, en lugar de los habituales tres turnos de 8 horas, trabajan con dos turnos de 12 horas. Según Merz, la plantilla defiende el modelo por el tiempo libre concentrado y la mejora en la vida familiar, y el comité de empresa lo aprobó. De ahí su frase: «trabajar más de 8 horas no es explotación».
¿Qué propone exactamente Friedrich Merz?
Friedrich Merz propone modificar la ley alemana para que el límite de horas laborales se mida por semana en lugar de por día. Esto permitiría jornadas de hasta 12 horas, siempre que no se superen las 48 horas semanales. El objetivo es comprimir la misma cantidad de horas en menos días, ofreciendo bloques de descanso más largos. El modelo estrella es una semana de tres días trabajados (12 horas cada uno) y cuatro días libres.
El marco legal alemán y los topes europeos
La ley alemana actual, el Arbeitszeitgesetz, establece que la jornada no puede superar las ocho horas diarias. Sube a diez si, en un periodo de seis meses o 24 semanas, la media regresa a ocho horas. Como el sábado es día laborable, el tope semanal es de 48 horas. La reforma de Merz no modifica ese límite superior, que viene de la directiva europea sobre tiempo de trabajo. Lo que cambia es la flexibilidad para distribuir esas horas.
La directiva europea también exige un descanso diario de 11 horas consecutivas. Sumando ese descanso y una pausa de 45 minutos, la Fundación Hans Böckler calcula que el día más largo posible bajo la reforma sería de 12 horas y 15 minutos. Sin embargo, el instituto laboral de la misma fundación advierte que, tras 12 horas de trabajo, el riesgo de accidente en el trabajo o de camino a casa se duplica respecto a las 8 horas.
Los riesgos de la fatiga y la postura sindical
Los sindicatos alemanes, encabezados por el DGB, han mostrado su rechazo frontal. Su presidenta, Yasmin Fahimi, advirtió en 2025 de que la reforma legalizaría modelos de dudosa legalidad, como los turnos de 12 horas que ya aplican algunos subcontratistas del reparto de paquetes. Para el DGB, el problema no es si se pueden trabajar 12 horas seguidas, sino quién decide el reparto y con qué salvaguardas. Más fatiga, más riesgos laborales y más presión sobre quienes cuidan de menores o dependientes son los principales argumentos en contra.
Merz, por su parte, presenta la reforma como una herramienta de conciliación. Pero los sindicatos ven el otro lado de la moneda: el trabajador que alarga su jornada puede ganar más días libres, pero a costa de una mayor exposición a la fatiga y los accidentes. La pregunta de fondo es si el reparto de horas debe decidirse en cada empresa o si el Estado debe fijar un límite diario infranqueable.
Comparativa con España y otros países europeos
El marco español es, en apariencia, más rígido, pero también permite flexibilidad. El Estatuto de los Trabajadores fija una media de 40 horas semanales en cómputo anual y un máximo de 9 horas diarias, salvo que un convenio colectivo o un pacto con la representación de los trabajadores establezca otra distribución. Exige 12 horas de descanso entre jornadas y 36 horas seguidas cada semana, acumulables hasta 14 días. Esto significa que una jornada de 12 horas no está prohibida en España: necesita negociación y cuadrantes que respeten esos descansos. Tres jornadas de 12 horas, además, quedarían por debajo de la media semanal.
Grecia ha ido más lejos. En octubre de 2025 aprobó jornadas de hasta 13 horas, aunque solo válidas 37 días al año, con un recargo del 40% por hora y el tope semanal en 48 horas. La comparación muestra que la propuesta de Merz no es un caso aislado en Europa, sino parte de una tendencia a flexibilizar los límites diarios manteniendo los semanales.
La situación actual en España: media de 38,8 horas y el debate de las 35
Mientras Alemania debate si permitir jornadas más largas, en España la conversación va en otra dirección. La jornada semanal media de los convenios firmados en el primer trimestre de 2026 era de 38,8 horas, según el Ministerio de Trabajo. Las 35 horas solo se han aprobado para funcionarios de la Administración General del Estado, unos 220.000 a 246.500 empleados, gracias a un acuerdo con los sindicatos que no requirió pasar por las Cortes. Para el sector privado, el tope de 40 horas no se modifica desde 1983. El intento de reducirlo a 37,5 horas cayó en septiembre de 2025, cuando PP, Vox y Junts tumbaron la propuesta en el Congreso. Sumar ha anunciado que volverá a la carga en septiembre de 2026. El Plan España 2050 fija las 35 horas como meta para 2050, con 37 horas en 2030 y 36 en 2040.
El debate español, por tanto, se centra en reducir la jornada total, no en concentrarla. Pero la propuesta de Merz plantea una pregunta que también resuena aquí: ¿es mejor trabajar menos horas o repartir mejor las que ya trabajamos?
¿A quién afectaría la reforma y qué falta por definir?
No está claro aún a qué trabajadores alcanzaría la reforma. Un borrador del Ministerio de Trabajo alemán, filtrado en junio, ataba el cambio a los convenios colectivos y, con condiciones, a los acuerdos de empresa. Eso dejaría fuera a 1 de cada 2 empleados, según la publicación Personalwirtschaft. La patronal y la CDU rechazaron ese borrador. Merz no ha dado fecha para el proyecto definitivo, y el ministerio cambia de titular: Bärbel Bas dimitió el 12 de octubre y el relevo previsto es Alexander Schweitzer.
La incertidumbre es grande. La reforma no es ley todavía, y el proceso legislativo apenas comienza. Lo que sí ha quedado claro es que la propuesta ha roto el consenso sobre la jornada de ocho horas como límite sagrado. El debate ya no es si se pueden trabajar 12 horas, sino quién decide cómo se reparten las horas de la semana laboral.
La cuestión de fondo es si esta flexibilidad mejorará la vida de quienes tienen hijos, largos desplazamientos o proyectos personales, o si empeorará la salud de quienes trabajan de pie, de noche o en oficios físicos. La jornada de ocho horas, herencia de la lucha obrera del siglo XX, ya no se aborda como dogma. Hay alternativas, pero cada una conlleva sus propios costes y beneficios. El dilema está servido, y Alemania, una vez más, se sitúa en el centro del debate laboral europeo.