NASA extiende un año la misión científica de la Voyager 2

La NASA logra extender un año la vida útil de la Voyager 2 mediante una ingeniosa maniobra técnica en el espacio interestelar.

Por Central
La maniobra 'Big Bang' permitió ahorrar energía y mantener operativos tres instrumentos científicos de la Voyager 2.
Destacados
  • La NASA extendió la misión de la Voyager 2 un año mediante la intervención 'Big Bang'.
  • Cada año, la Voyager 2 pierde cerca de 4 vatios de potencia por el deterioro de sus generadores.
  • La Voyager 2 se encuentra a más de 20.000 millones de kilómetros de la Tierra y sus señales tardan 20 horas en llegar.

El 4 de agosto de 2026, la NASA confirmó que la Voyager 2, una nave lanzada desde la Tierra en agosto de 1977, podrá seguir enviando datos científicos durante al menos un año más. La agencia logró esta extensión gracias a una intervención técnica denominada «Big Bang», que consistió en apagar ciertos equipos y activar alternativas de menor consumo para preservar las condiciones térmicas y energéticas de la nave. Este hito demuestra hasta dónde puede llegar la ingeniería cuando se enfrenta al desafío de mantener operativa una máquina diseñada en el siglo XX, ahora navegando en el espacio interestelar.

¿Qué es el «Big Bang» y cómo logró extender la misión de la Voyager 2?

El llamado «Big Bang» es una intervención planificada por los ingenieros de la NASA para reducir el consumo energético de la Voyager 2 sin sacrificar su capacidad de continuar con las mediciones científicas más relevantes. La modificación implicó apagar determinados subsistemas y recurrir a componentes alternativos que consumen menos electricidad, manteniendo al mismo tiempo la temperatura interna necesaria para que los instrumentos restantes sigan funcionando. El resultado inmediato fue la liberación de un margen de potencia suficiente para sostener los tres instrumentos científicos que aún están operativos durante al menos un año más. La NASA ha anunciado que aplicará un cambio equivalente en la Voyager 1 en los próximos meses.

Para entender la magnitud de esta intervención hay que recordar que la Voyager 2 lleva casi 49 años en el espacio. Su fuente de energía no es renovable: tres generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG) convierten en electricidad el calor de la desintegración del plutonio-238. Con cada año que pasa, el material radiactivo genera menos calor y los propios generadores pierden eficiencia. La nave dispone de unos 4 vatios menos de potencia eléctrica cada año. La NASA no puede recargar las baterías ni frenar ese deterioro; la única opción es gestionar con creciente precisión un presupuesto energético en declive irreversible.

El desafío energético de las Voyager: cómo sobreviven con menos de 4 vatios cada año

El problema de fondo no es nuevo, pero se ha agudizado con el tiempo. Cuando las Voyager fueron diseñadas, nadie esperaba que siguieran operativas casi cinco décadas después, ni mucho menos que atravesaran la heliopausa y se adentraran en el espacio interestelar. Cada gramo de plutonio-238 se ha ido desintegrando inexorablemente. La curva de potencia disponible es descendente y predecible: la NASA sabe cuánta electricidad perderá la nave cada año. Lo que no sabía era hasta dónde podría estirar los límites de la ingeniería sin perder la misión por completo.

La historia de esta lucha por la energía es una sucesión de decisiones cada vez más ajustadas. En 2019, los ingenieros desconectaron el calentador del sistema de rayos cósmicos y comprobaron, con cierta sorpresa, que el instrumento seguía devolviendo datos pese a haber sufrido un fuerte descenso de temperatura. Cuatro años después, comenzaron a utilizar una pequeña reserva de potencia que hasta entonces se mantenía apartada para un circuito de protección asociado al regulador de voltaje. Esa maniobra permitió ganar tiempo antes de tener que sacrificar más ciencia.

La intervención de 2026 encaja en esa misma lógica de revisión continua: examinar qué funciones siguen siendo imprescindibles, cuánto consumo puede recortarse sin poner en peligro la nave y qué alternativas técnicas existen para alargar la vida útil de los instrumentos. No hay una única solución milagrosa, sino una cadena de optimizaciones que suman meses o años adicionales al calendario de la misión.

Los instrumentos que la Voyager 2 ha dejado atrás: una cronología del ahorro

La Voyager 2 partió con un conjunto completo de instrumentos diseñados para estudiar Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Una vez cumplidos esos encuentros planetarios, muchos de esos equipos dejaron de ser necesarios. Otros se degradaron con el tiempo o fueron apagados deliberadamente para ahorrar energía. La siguiente lista recoge los principales apagados a lo largo de la vida de la sonda:

  • 10 de octubre y 5 de diciembre de 1989. Imaging Science Subsystem (ISS): sus dos cámaras fueron apagadas una vez terminados los encuentros planetarios para liberar energía, memoria y tasa de datos para otros instrumentos.
  • 3 de abril de 1991. Photopolarimeter Subsystem (PPS): retirado por degradación de su funcionamiento.
  • 12 de noviembre de 1998. Ultraviolet Spectrometer (UVS): apagado para ahorrar energía.
  • 1 de febrero de 2007. Infrared Interferometer Spectrometer and Radiometer (IRIS): desconectado para reducir el consumo.
  • 21 de febrero de 2008. Planetary Radio Astronomy (PRA): apagado también como medida de ahorro energético.
  • 26 de septiembre de 2024. Plasma Science (PLS): desconectado ante la reducción de potencia disponible; además, ya aportaba pocos datos por su orientación respecto al plasma interestelar.
  • 24 de marzo de 2025. Low-Energy Charged Particles (LECP): apagado para conservar energía, después de décadas midiendo partículas cargadas.

Tras ese recorrido, la Voyager 2 mantiene activos solo tres instrumentos científicos: el Cosmic Ray Subsystem (CRS), el Magnetometer (MAG) y el Plasma Wave Subsystem (PWS). Son los que la NASA considera esenciales para seguir caracterizando el medio interestelar, la región del espacio que ninguna nave había explorado antes de que las Voyager cruzaran la heliopausa.

La Voyager 1 también se beneficia: un plan compartido para las dos gemelas

La Voyager 2 no atraviesa este proceso de conservación energética en solitario. Su gemela, la Voyager 1, comparte el mismo problema de fondo y la misma filosofía de actuación. La NASA lleva años aplicando en ambas naves ajustes similares, aunque no siempre al mismo tiempo ni afectando a los mismos instrumentos. La diferencia está en los detalles técnicos de cada nave; el objetivo, en cambio, es común: retrasar el momento en que la falta de electricidad obligue a desconectar el último instrumento.

El equipo de ingenieros ya ha anunciado que, después de aplicar el «Big Bang» en la Voyager 2, procederá a realizar una modificación equivalente en la Voyager 1 durante los próximos meses. El proceso será análogo, pero adaptado a las particularidades de cada sonda. La Voyager 1 también ha ido perdiendo instrumentos a lo largo de los años y también depende de sus tres RTG para seguir funcionando. En ambas naves, la prioridad es mantener el mayor tiempo posible el conjunto de instrumentos que aún pueden aportar datos científicos valiosos sobre el medio interestelar.

¿Qué pasará cuando la Voyager 2 deje de enviar datos?

Llegará un momento, probablemente en algún momento de la próxima década, en que la Voyager 2 ya no pueda enviarnos datos ni responder desde la distancia. La potencia disponible será insuficiente para mantener incluso los instrumentos más básicos y el sistema de comunicaciones. Ese día, la nave se convertirá en un objeto silencioso que continuará su viaje por el espacio interestelar sin posibilidad de contacto con la Tierra.

Sin embargo, eso no significará que su viaje haya terminado. La Voyager 2 seguirá avanzando por la Vía Láctea y, dentro de unos 40.000 años, pasará a aproximadamente 1,7 años luz de la estrella Ross 248. Después continuará su recorrido alrededor de la galaxia, convertida en un artefacto humano silencioso. Podemos retrasar durante años el instante en que deje de hablarnos; lo que no podemos evitar es que algún día tenga que continuar sola. Cada día adicional de ciencia que la NASA consiga arrancar a esta nave es una victoria de la ingeniería sobre la entropía, un testimonio de lo que la humanidad puede lograr cuando construye máquinas con el suficiente margen para superar cualquier expectativa.

La extensión anunciada el 4 de agosto de 2026 no es un parche temporal ni una solución definitiva. Es un eslabón más en una cadena de decisiones técnicas que comenzó hace décadas y que continuará hasta que la última gota de electricidad generada por el plutonio-238 se agote. Mientras tanto, la Voyager 2 sigue ahí, a más de 20.000 millones de kilómetros de la Tierra, enviando señales que tardan más de 20 horas en llegar. Y lo hace gracias a que un grupo de ingenieros, casi medio siglo después del lanzamiento, sigue encontrando la manera de exprimir cada vatio.

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