El estudio Build A Rocket Boy, fundado por el reconocido desarrollador Leslie Benzies, atraviesa su momento más crítico desde el lanzamiento de MindsEye en 2025. Una nueva ronda de despidos y las publicaciones de despedida de empleados clave han disparado las alarmas sobre un posible cierre inminente. La compañía, que llegó a tener 550 empleados, ahora enfrenta un futuro incierto marcado por el fracaso comercial de su primer gran título, la ruptura de alianzas estratégicas y una serie de controversias internas que han minado su viabilidad.
El ocaso de Build A Rocket Boy: del crecimiento vertiginoso a los despidos masivos
Build A Rocket Boy nació con la promesa de revolucionar la industria, apalancada en el prestigio de Leslie Benzies, mente creativa detrás de la saga Grand Theft Auto durante su etapa en Rockstar Games. El estudio se embarcó en dos proyectos ambiciosos: el juego de acción y aventura MindsEye y la plataforma de creación y socialización Everywhere. Sin embargo, el lanzamiento de MindsEye en 2025 no cumplió las expectativas, recibiendo críticas mixtas y unas ventas muy por debajo de lo proyectado.
El tropiezo comercial desencadenó una espiral descendente. A pesar de los esfuerzos por revitalizar el título mediante actualizaciones, incluyendo un modo multijugador que añadía un peculiar juego de fútbol con granadas, la audiencia no respondió. El flujo de ingresos se redujo drásticamente, y los inversores comenzaron a retirar su apoyo. En ese contexto, el estudio inició una serie de despidos que han ido aumentando en severidad hasta llegar a la situación actual, donde la propia continuidad de la empresa está en entredicho.
Las desgarradoras publicaciones de Dan Hawkins en LinkedIn
La señal más clara de que el final se acerca la proporcionó Dan Hawkins, socio principal de adquisición de talentos y gerente de operaciones de recursos humanos de Build A Rocket Boy. En una publicación en su perfil de LinkedIn, Hawkins anunció que permanecería en el estudio «hasta el final» para ayudar a cerrar los procesos del departamento de RRHH. El tono de despedida fue inequívoco.
«Casi 5 años aquí en BARB y qué viaje increíble», escribió Hawkins. «Fui la primera persona contratada para nuestro equipo interno de reclutamiento y ayudé a llevar el estudio de 200 a 550 empleados en un corto período de tiempo. Fue un honor trabajar junto a tantas personas talentosas, tantas que sería imposible mencionarlas a todas». Acto seguido, añadió: «Voy a acompañar a BARB hasta el final, ayudando a finalizar todo aquí en el departamento de RH. Pero me interesaría mucho conocer cualquier oportunidad, tanto dentro como fuera de la industria de los videojuegos, para unirme a empresas en crecimiento».
Sus palabras, difundidas también en foros como ResetEra, confirmaron que los despidos no eran un ajuste puntual, sino el preludio de un cierre ordenado. Que un alto cargo de RRHH hable explícitamente de «cerrar procesos» y busque activamente nuevo empleo es, en la práctica, un indicador de que la dirección ha tomado una decisión irreversible.
Los problemas que llevaron al estudio al borde del abismo
El posible colapso de Build A Rocket Boy no se explica únicamente por el fracaso de MindsEye. El estudio arrastraba una serie de conflictos que minaron su estabilidad mucho antes del lanzamiento.
El fracaso comercial de MindsEye y la ruptura con IO Interactive
MindsEye fue concebido como un título narrativo de alto presupuesto, con mecánicas de sigilo y acción que buscaban capturar la esencia de los grandes juegos de la generación. Sin embargo, en el momento de su lanzamiento, el mercado ya estaba saturado de propuestas similares, y el juego no logró diferenciarse. Las ventas iniciales fueron decepcionantes, y aunque el estudio intentó reanimarlo con contenido descargable y el mencionado modo multijugador (un modo de fútbol con granadas que pretendía ser viral), el público no respondió.
Paralelamente, la relación con IO Interactive, el estudio danés responsable de la serie Hitman y que había colaborado con Build A Rocket Boy en la publicación o distribución del título —según los acuerdos—, se rompió. Las fuentes indican que la alianza estratégica se disolvió, privando a la empresa de un socio fundamental para la comercialización y el soporte técnico de MindsEye. Esta ruptura dejó al estudio sin red de seguridad en un momento en que más la necesitaba.
Acusaciones de vigilancia interna y una demanda por sabotaje
La situación se agravó con denuncias sobre prácticas cuestionables dentro de la compañía. Exempleados y reportes periodísticos señalaron que Build A Rocket Boy implementó sistemas de monitoreo secreto de los trabajadores, con el objetivo de controlar su productividad y detectar posibles filtraciones. Estas acusaciones generaron un ambiente de desconfianza y descontento entre la plantilla, y probablemente aceleraron la salida de talento clave.
Además, la empresa se vio envuelta en un proceso judicial contra supuestos sabotadores internos. La dirección presentó una demanda alegando que ciertos empleados o exempleados estaban actuando deliberadamente para destruir el estudio desde dentro. Aunque los detalles del caso permanecen bajo secreto de sumario, la mera existencia del litigio refleja un clima laboral tóxico y una gestión que prioriza la confrontación antes que la mediación.
¿Cierre confirmado? Las versiones encontradas de Kotaku e IGN
A pesar de las evidencias, no existe una confirmación oficial del cierre. Las fuentes consultadas por Kotaku e IGN ofrecen versiones contradictorias. Mientras unos aseguran que el estudio ya ha cesado sus operaciones y que solo queda personal administrativo liquidando los contratos, otros sostienen que la dirección aún evalúa opciones de rescate, como la venta de la propiedad intelectual o una reestructuración profunda. Lo que sí es un hecho es que la mayoría de los desarrolladores han sido despedidos, y que los pocos que permanecen —como Dan Hawkins— tienen la misión explícita de cerrar los departamentos y archivar los proyectos.
Esta falta de claridad es habitual en procesos de colapso empresarial: las empresas evitan anunciar el cierre hasta que todos los trámites legales y financieros están completos. No obstante, el lenguaje utilizado por Hawkins y la ausencia de nuevos proyectos o contrataciones apuntan a un desenlace inevitable.
Lecciones para la industria: la fragilidad de los estudios independientes AAA
El caso de Build A Rocket Boy ilustra una realidad incómoda para la industria del videojuego. Lanzar un estudio con una estrella de la talla de Leslie Benzies y conseguir financiación para proyectos ambiciosos no garantiza el éxito. La combinación de un debut comercial débil, conflictos internos y una gestión que parece haber priorizado el crecimiento desmedido (de 200 a 550 empleados en cinco años) sobre la sostenibilidad ha resultado letal.
El mercado actual es despiadado con los títulos que no logran conectar con el público desde el primer momento. Las ventanas de oportunidad se han acortado, y los costes de desarrollo siguen aumentando. Estudios como Build A Rocket Boy, que intentan competir en el segmento AAA sin el respaldo de un gran publisher, se enfrentan a un riesgo extremo. La ruptura con IO Interactive, que podría haber actuado como valedor, fue un golpe letal.
¿Qué pasará con MindsEye y Everywhere? Ambas propiedades intelectuales podrían ser adquiridas por otros estudios o publisher si el cierre se consuma. Es posible que algunos de los desarrolladores despedidos encuentren rápidamente acomodo en empresas como IO Interactive o en otros estudios europeos que están en plena expansión. Pero para Leslie Benzies, el golpe reputacional es considerable: su regreso a la industria tras su polémica salida de Rockstar termina con un fracaso empresarial que empaña su legado.
Para los lectores interesados en el estado actual de la industria, la caída de Build A Rocket Boy es una advertencia sobre los peligros de una expansión demasiado rápida, la dependencia de un solo título y la fragilidad de las alianzas estratégicas. En un sector donde los márgenes se estrechan y la atención del público es volátil, incluso los estudios más prometedores pueden desvanecerse en cuestión de meses.
La historia de Build A Rocket Boy no ha terminado, pero todo indica que el capítulo final se está escribiendo ahora. Los próximos días serán cruciales para confirmar si el estudio logra un milagro de última hora o si, como todo apunta, se convierte en otro nombre en la lista de estudios que no sobrevivieron a la ambición de sus fundadores.