La trayectoria de Hellboy en el cine es una historia de contrastes: desde la aclamada visión de Guillermo del Toro hasta el sonoro tropiezo de 2019, el héroe de los cómics de Mike Mignola ha buscado un nuevo acomodo en la gran pantalla. Ahora, Hellboy: El hombre retorcido aterriza en Movistar+ envuelta en una polémica que combina críticas duras, burlas en redes sociales y la extraña fascinación que despierta una propuesta que se atreve a ser radicalmente diferente. Esta rarísima película de terror, estrenada originalmente en 2024, representa el segundo reinicio cinematográfico del personaje y, contra todo pronóstico, elige el camino del terror folclórico de bajo presupuesto en lugar de la acción espectacular que definió a sus predecesoras. La pregunta que flota en el aire es si esta apuesta arriesgada merece ser rescatada del olvido o si, por el contrario, confirma que el hijo de la mano derecha del infierno sigue sin encontrar un hogar cinematográfico estable.
El contexto de un reinicio accidentado: de Del Toro a la crisis de identidad
Para entender por qué Hellboy: El hombre retorcido ha generado tanto ruido, es necesario repasar el complejo camino que ha recorrido la franquicia. Las dos películas dirigidas por Guillermo del Toro —Hellboy (2004) y Hellboy II: El ejército dorado (2008)— establecieron un estándar difícil de igualar: una mezcla de fantasía oscura, humor y un diseño de producción impecable, coronada por la interpretación icónica de Ron Perlman. La cancelación de la trilogía planeada desató una intensa campaña de fanáticos para que Del Toro regresara, pero el proyecto nunca se materializó. En 2019, llegó el reinicio de Neil Marshall con David Harbour como protagonista, una película que intentó ser más fiel a los cómics en términos de violencia y tono, pero que fracasó estrepitosamente en taquilla y recibió críticas devastadoras. El propio Mignola expresó públicamente su descontento con esa versión, lo que dejó el futuro de la saga en un limbo incierto.
Ante este panorama, la noticia de un nuevo reinicio, esta vez a cargo de Brian Taylor (conocido por su trabajo hiperactivo en la saga Crank), tomó por sorpresa a los seguidores. La producción no solo se anunció con poco margen, sino que además optó por una escala modesta y un enfoque radicalmente distinto: el terror rural de serie B, alejado de los grandes presupuestos y los efectos visuales masivos. La participación directa de Mike Mignola como co-guionista, junto con Christopher Golden, prometía una fidelidad absoluta a la esencia del cómic original, pero el resultado final ha generado un debate que parece no tener fin. La película no solo lidia con el peso de las expectativas, sino que también carga con la sombra de dos intentos anteriores que, para bien o para mal, definieron lo que el público espera de Hellboy en la pantalla.
¿Qué hace diferente a esta versión de Hellboy? Terror folk y juventud inexperta
La principal apuesta de Hellboy: El hombre retorcido es su decisión de alejarse del molde establecido. Mientras las películas de Del Toro abrazaban la acción grandilocuente y el diseño de criaturas espectacular, y la versión de Marshall buscaba un tono más sombrío y violento, esta entrega se sumerge de lleno en el terror folclórico de los Apalaches. El resultado es una experiencia que se siente más cercana a películas como The Witch o The Ritual que a las superproducciones de superhéroes. La historia se sitúa en la década de 1950, presentando a un Hellboy joven y relativamente novato, interpretado por Jack Kesy. Este Hellboy no es el veterano cascarrabias que conocíamos, sino un agente en formación que aún está aprendiendo a navegar el mundo de lo oculto.
Junto a él viaja Jo Song (Adeline Rudolph), una agente novata de la Agencia para la Investigación y Defensa Paranormal (BPRD). Ambos quedan varados en una remota región montañosa de los Apalaches tras un incidente, y allí descubren una pequeña comunidad aislada que vive aterrorizada bajo el yugo de un aquelarre de brujas locales. La amenaza principal es el Hombre Retorcido, una entidad demoníaca que fue en vida un usurero del siglo XVIII, ahorcado por sus crímenes, pero que logró regresar del infierno convertido en una criatura deforme que recolecta almas. Este villano, fiel al cómic del mismo nombre, es uno de los elementos más interesantes de la película: una mezcla de horror corporal y folclore oscuro que aporta un sabor genuinamente macabro al relato.
Sin embargo, la gran pregunta que los lectores se hacen es si esta apuesta por el terror de pequeña escala funciona. La respuesta, según el consenso de críticas y audiencias, es que la película tiene problemas para encontrar su tono y ritmo. La premisa es intrigante y el villano resulta visualmente impactante, pero la ejecución tropieza en un guion que no logra profundizar en sus ideas y en un apartado visual que, aunque intencionadamente modesto, termina sintiéndose limitado en lugar de atmospherico. La intención de hacer un Hellboy más terrenal y humano es loable, pero la falta de cohesión narrativa lastra el conjunto.
Jack Kesy y el desafío de interpretar al antihéroe sin el carisma de Perlman
Uno de los puntos más debatidos de Hellboy: El hombre retorcido es la interpretación de Jack Kesy como el protagonista. Kesy, conocido por su trabajo en series como The Strain y Claws, ofrece un enfoque marcadamente contenido y físico. Su Hellboy es más callado, menos cínico y mucho menos expresivo que el de Ron Perlman, y también menos explosivo que el de David Harbour. Esta elección actoral tiene sentido dentro del contexto de la película: se trata de un Hellboy joven que aún no ha desarrollado el carisma cascarrabias ni la seguridad en sí mismo que lo caracterizan en etapas posteriores. Kesy se esfuerza por transmitir una especie de estoicismo monstruoso, pero la falta de matices en el guion limita su capacidad para conectar emocionalmente con el público.
El resto del reparto cumple con papeles funcionales. Adeline Rudolph interpreta a Jo Song, la agente racional y corporativa que sirve como contrapunto a la naturaleza más instintiva de Hellboy. Jefferson White, conocido por su papel en Yellowstone, interpreta a Tom Ferrell, un lugareño atormentado que regresa a su hogar tras haber pactado con las fuerzas oscuras del bosque en su juventud. Su personaje aporta el nexo emocional de la investigación, pero la narrativa no le da suficiente espacio para desarrollarse. La película sufre de un problema común en el cine de terror de bajo presupuesto: las ideas son interesantes, pero el desarrollo de personajes y la cohesión de la trama quedan relegados a un segundo plano.
Críticas, burlas y el debate sobre el futuro de Hellboy en el cine
El estreno de Hellboy: El hombre retorcido no pasó desapercibido. Las críticas fueron, en su mayoría, negativas o mixtas, destacando la falta de ritmo, los efectos visuales inconsistentes y la incapacidad de la película para decidir si quiere ser un drama de terror serio o una serie B de culto. Las burlas en redes sociales no se hicieron esperar, con memes que comparaban los efectos digitales con producciones amateur y chistes sobre la decisión de convertir a Hellboy en un investigador de lo oculto de bajo perfil. Sin embargo, también hay quien defiende la película como un experimento valiente que, al menos, intenta algo diferente. La participación de Mignola en el guion ha sido un punto a favor para los puristas, que reconocen que el espíritu del cómic está presente, aunque la ejecución no haya estado a la altura.
El hecho de que la película haya llegado a Movistar+ en España, tras su paso por festivales y plataformas internacionales, abre una nueva ventana para que el público hispanohablante pueda juzgarla por sí mismo. La pregunta que muchos se hacen es si este reinicio tendrá continuidad o si, por el contrario, enterrará definitivamente la posibilidad de ver a Hellboy en la gran pantalla. Dado el historial de la franquicia, es probable que los estudios se tomen un respiro antes de volver a intentarlo. La lección que deja El hombre retorcido es clara: el personaje de Mignola es difícil de adaptar precisamente por su riqueza y complejidad. Cada intento ha encontrado una fórmula diferente, pero ninguna ha logrado el consenso de crítica y público que sí alcanzaron las películas de Del Toro.
Una rareza que merece ser vista (y discutida)
Más allá de sus defectos, Hellboy: El hombre retorcido tiene el mérito de ser una película que no deja indiferente. Es una rareza en el panorama del cine de género, una cinta que se atreve a ser pequeña, extraña y desconcertante en una época dominada por las franquicias homogéneas. Su llegada a Movistar+ permite que los suscriptores puedan acceder a ella sin el coste adicional de un cine, y quizás, en el entorno doméstico, la experiencia sea más indulgente. Para los fans del cómic, es una oportunidad de ver una adaptación más fiel en espíritu, aunque imperfecta en forma. Para los curiosos, es una ventana a un tipo de cine de terror que prioriza la atmósfera y el folclore sobre los sustos fáciles.
Al final, lo que queda es la sensación de que Hellboy sigue siendo un personaje fascinante pero maldito en el cine. Cada nueva versión parece destinada a generar más debate que consenso, y El hombre retorcido no es la excepción. Sin embargo, en un panorama cinematográfico que a menudo premia la seguridad sobre la audacia, una película que se atreve a ser rara, que provoca burlas y críticas por igual, quizás esté más cerca del espíritu de su creador de lo que sus detractores reconocen. Porque al fin y al cabo, Hellboy siempre ha sido un desajustado, un ser que no encaja del todo en ningún mundo. Qué mejor homenaje que una película que corre la misma suerte.