Google ha puesto sobre la mesa un plan de infraestructura submarina de gran escala para América Latina. Con el proyecto Americas Connect, la compañía prevé el despliegue de tres nuevos cables —Alisios, Canoa y OlaLuz— que convertirán República Dominicana en el nodo central de su estrategia de conectividad en la región. No es una iniciativa menor: se trata de miles de kilómetros de fibra óptica que buscan reforzar la capacidad entre el Caribe, Estados Unidos, Europa y el Pacífico, en un momento en que la nube y la inteligencia artificial exigen cada vez más ancho de banda.
¿Qué es Americas Connect y cuáles son los tres cables submarinos de Google?
Americas Connect es el programa con el que Google quiere ampliar su red de cables submarinos en el continente americano. El proyecto se organiza en tres corredores principales: uno en el Pacífico, otro en el Caribe y un tercero en el Atlántico. En el centro de esa arquitectura aparece República Dominicana, que se convertirá en el punto de apoyo de buena parte de la nueva capacidad que Google quiere desplegar en la región.
Los tres cables del proyecto son Alisios, Canoa y OlaLuz, y cada uno cumple una función distinta dentro de la red. Además, como parte del mismo anuncio, Google ha confirmado que el cable Firmina —diseñado originalmente para unir Norteamérica y Sudamérica— contará con una nueva ramificación que también pasará por territorio dominicano.
Alisios, Canoa y OlaLuz: trazados y funciones
Alisios conectará Chile, Panamá y República Dominicana, y desde el Caribe enlazará con un anillo de fibra que llega hasta la costa este de Estados Unidos, específicamente a las zonas donde Google Cloud tiene centros de datos en Carolina del Sur y Virginia. Es el cable más ambicioso de los tres, porque cruza dos océanos y une América del Sur con el Caribe y Norteamérica.
Canoa, por su parte, unirá República Dominicana con Bermudas. Desde allí se interconectará con los cables Nuvem y Sol, dos rutas existentes que forman parte de la red de Google, para llegar tanto a Estados Unidos como a Europa. El destino europeo final, según la compañía, es Madrid.
OlaLuz es el tercer cable y el más directo: conectará República Dominicana con Florida. Su función es reforzar la capacidad entre el Caribe y la costa este de Estados Unidos, un corredor de tráfico intenso que hasta ahora dependía de cables más antiguos o de rutas que no estaban optimizadas para el tráfico cloud.
En conjunto, los tres trazados dibujan una estrategia clara: República Dominicana como punto de entrada y salida del Caribe, con conexiones hacia el Pacífico sudamericano, hacia el Atlántico norte, hacia Florida y hacia Europa. Es una posición de hub regional que ningún otro país del área tiene hoy en la red de Google.
Por qué República Dominicana se convierte en el nodo del proyecto
La elección de República Dominicana no es casual. El país ocupa una posición geográfica privilegiada: está en la ruta natural entre América del Sur, el Caribe, Centroamérica y Norteamérica, y tiene salida tanto al mar Caribe como al océano Atlántico. Esa ventaja ya había sido aprovechada por algunos cables de telecomunicaciones, pero nunca con la densidad de conexiones que plantea ahora Google.
El mapa mundial de los cables submarinos es enormemente desigual. Mientras que en América del Norte, Europa y Asia oriental hay auténticas marañas de fibra óptica, América Latina presenta zonas de baja densidad, especialmente en el Caribe y Centroamérica. Ejemplos como Singapur, que se ha convertido en uno de los grandes «enchufes» de Asia gracias a la concentración de cables, muestran lo que puede lograr un país cuando se convierte en punto de interconexión de la infraestructura digital global.
Con Americas Connect, República Dominicana aspira a desempeñar ese papel en el Caribe. El país no solo recibirá tres cables nuevos y una rama adicional de Firmina; además, su territorio será el punto donde confluyen las rutas del Pacífico y del Atlántico. Para la región, esto podría significar menores latencias, más redundancia y una puerta de entrada para que otros operadores se conecten a la red de Google.
Más del 99% del tráfico mundial: el peso estratégico de los cables submarinos
Los cables submarinos son la columna vertebral de internet, aunque rara vez se habla de ellos. Más del 99% del tráfico intercontinental de datos viaja por el fondo del mar, una cifra que convierte a estas infraestructuras en un activo estratégico para gobiernos y empresas. La banca, la seguridad, las comunicaciones y, cada vez más, la nube y la inteligencia artificial dependen de que esos cables funcionen sin interrupciones.
Google lleva años participando activamente en este sector. La compañía está involucrada en 34 proyectos de cableado a nivel mundial, una cifra que la sitúa entre los principales actores de la industria. Lo que antes era un negocio dominado por operadoras de telecomunicaciones, hoy está liderado por las hiperescaleras. Google, Meta o Amazon concentran alrededor de tres cuartas partes del ancho de banda internacional, y su capacidad para financiar y desplegar cables propios les da una ventaja competitiva enorme frente a los operadores tradicionales.
El caso de Americas Connect es una muestra de esa tendencia. Google no está construyendo estos cables para vender conexiones a los hogares, sino para garantizar que sus regiones cloud, sus servicios de inteligencia artificial y sus centros de datos tengan la capacidad suficiente para crecer en América Latina. La clave de la IA generativa y de la nube no está solo en los servidores, sino en la red física que los conecta.
La apuesta de Google por América Latina: regiones cloud, Humboldt y el precedente de Chile
América Latina ha sido durante años un mercado secundario para la infraestructura digital global, pero eso está cambiando. Google tiene actualmente dos regiones cloud en la región: la primera abrió en 2017, en São Paulo, Brasil, y la segunda está en Santiago de Chile, operativa desde 2021. Esa presencia es aún pequeña si se compara con Estados Unidos o Europa, pero los planes de expansión son evidentes.
Chile, precisamente, es uno de los puntos más relevantes de la estrategia de Google en la región. Además de alojar una de las dos regiones cloud, el país es el extremo sudamericano del cable Humboldt, un enorme proyecto de 14.800 kilómetros que unirá Valparaíso con Auckland, Nueva Zelanda, y que está previsto para este año. Humboldt será la primera ruta de cable submarino que conecte directamente Sudamérica con Asia-Pacífico, un corredor que hoy exige pasar por Estados Unidos o Europa.
El interés de Google por Chile también ha generado tensiones geopolíticas. Recientemente, Chile aprobó la construcción de un cable submarino directo a China, pero Estados Unidos frenó el proyecto en seco. La decisión evidencia que los cables submarinos no son solo infraestructura técnica, sino también instrumentos de poder económico y político.
La combinación de Chile y República Dominicana dentro de Americas Connect refuerza la idea de que Google busca construir una red propia en América Latina con nodos en los dos extremos geográficos de la región: el cono sur y el Caribe. Esto le permitiría tener rutas alternativas y redundancia ante fallos o tensiones políticas en alguno de los países.
Las incógnitas del anuncio: fechas, presupuesto y proveedores
Pese a la magnitud del proyecto, el anuncio de Google es deliberadamente escueto. La compañía no ha detallado cuándo comenzarán las obras ni cuándo estarán operativos los cables. Tampoco ha informado sobre los proveedores que fabricarán la fibra, las empresas que realizarán el tendido submarino, el presupuesto total ni las especificaciones técnicas de diseño, como el número de pares de fibra o la capacidad de transmisión prevista.
Esta falta de concreción es habitual en los anuncios preliminares de infraestructura, pero también significa que el proyecto podría sufrir retrasos. La construcción de un cable submarino transoceánico suele llevar entre dos y cuatro años desde el anuncio hasta la entrada en servicio, y en regiones con menos experiencia en este tipo de obras los plazos pueden alargarse.
Otro aspecto que no está claro es el papel de los socios locales. En otros proyectos, Google se ha aliado con operadores de telecomunicaciones o gobiernos para financiar y operar los cables. En Americas Connect, el anuncio no menciona ningún socio, lo que sugiere que la compañía podría asumir la mayor parte de la inversión y controlar directamente la infraestructura. Esto le daría un poder considerable sobre los precios y las condiciones de acceso a esa capacidad.
El matiz clave: cables para la nube, no para los hogares
Conviene precisar qué significa realmente este anuncio para los usuarios de República Dominicana y del resto de América Latina. Los cables submarinos de Americas Connect conectan principalmente centros de datos y regiones cloud de Google, no hogares ni edificios de forma directa. Es decir, no son una solución para reducir la brecha digital ni para mejorar de inmediato la velocidad de internet residencial en la zona.
El efecto para los ciudadanos será indirecto. Si los operadores locales establecen acuerdos para acceder a la capacidad de estos cables, pueden ofrecer mejores conexiones internacionales a precios competitivos. Pero si la capacidad queda reservada para los servicios de Google y sus clientes cloud, el impacto social será menor.
Ese matiz no resta valor al anuncio. La infraestructura de fibra óptica submarina es la base sobre la que se construye todo lo demás. Sin cables, no hay centros de datos, no hay nube, no hay inteligencia artificial. Para los países que quieren atraer inversión tecnológica, contar con conexiones directas y redundantes es un requisito esencial. República Dominicana ha dado el primer paso para tenerlas.
El anuncio de Americas Connect llega en un momento crítico para la expansión de la inteligencia artificial y la nube en América Latina. Los desafíos técnicos, regulatorios y económicos son considerables, pero la dirección es clara: las grandes empresas tecnológicas están dispuestas a invertir en infraestructura física para sostener su crecimiento, y República Dominicana se está posicionando como uno de los puntos de apoyo de esa estrategia. La pregunta ahora no es si los cables se construirán, sino quién se beneficiará de ellos. Si el país aprovecha esta posición para atraer inversiones, desarrollar talento y facilitar que los operadores locales accedan a la nueva capacidad, el efecto multiplicador puede ser enorme. Si, por el contrario, la infraestructura queda como una isla conectada solo para Google, el proyecto servirá a los intereses corporativos, pero no necesariamente al desarrollo digital de la región. El tiempo, y sobre todo la política pública, lo dirá.