Europa acelera su ofensiva para romper la dependencia tecnológica de Estados Unidos

La Unión Europea acelera medidas legislativas para reducir su dependencia tecnológica de Estados Unidos y fortalecer su soberanía digital.

Por Central
Europa busca desarrollar tecnologías locales para reducir la dependencia de gigantes estadounidenses.
Destacados
  • La dependencia tecnológica de Estados Unidos se percibe ahora como una vulnerabilidad estratégica para Europa.
  • Europa ha pasado de debates teóricos a propuestas legislativas concretas para lograr la soberanía digital.
  • El sector privado europeo debe alinearse con la causa para fomentar alternativas tecnológicas locales.

El giro en el tono y las políticas de la administración estadounidense hacia sus aliados tradicionales ha provocado una sacudida sísmica en los cimientos de las relaciones transatlánticas. La dependencia tecnológica de Estados Unidos, que durante décadas se consideró un pilar de la cooperación y la seguridad, se percibe ahora como una vulnerabilidad estratégica. En respuesta, Europa ha acelerado una ofensiva sin precedentes para romper esa dependencia y forjar su propio camino hacia la soberanía tecnológica, un concepto que ha pasado de ser un debate filosófico a un imperativo de política industrial y de defensa.

El despertar europeo: de la autonomía estratégica a la soberanía digital

Las llamadas a una mayor soberanía tecnológica en Europa —la capacidad de elegir y actuar de forma independiente, autónoma y segura— se han vuelto casi ensordecedoras. Los debates, a menudo muy teóricos, sobre la autonomía estratégica o la soberanía llevaban años gestándose en el ámbito de la defensa y la energía, especialmente tras la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022. Sin embargo, la preocupación por una excesiva dependencia de China como mercado, fuente de bienes y proveedor de minerales críticos ya bullía años antes.

En el último año, este concepto se ha infiltrado visiblemente en todo un espectro de políticas industriales y económicas, incluidas las tecnologías digitales. Las ideas y enfoques políticos conceptuales han empezado a materializarse en propuestas e iniciativas concretas, que culminan actualmente en una serie de medidas legislativas que se están presentando. No obstante, reducir dependencias que se han ido acumulando durante décadas no será sencillo. Será necesario encontrar fuentes alternativas de tecnologías y materiales críticos o, idealmente, desarrollarlos localmente, lo que requiere un enfoque complejo que cultive el ecosistema adecuado y más propicio para la innovación tecnológica en Europa. Como mínimo, debe facilitar las inversiones en infraestructura digital, retener y atraer el talento necesario y nutrir a las empresas tecnológicas locales, dándoles espacio para crecer.

El dominio de las grandes tecnológicas estadounidenses y el desafío europeo

Las empresas estadounidenses dominan el espacio tecnológico. Los beneficios de su negocio internacional contribuyen a cimentar su dominio, a menudo a través de la inversión en I+D, grandes presupuestos de marketing y adquisiciones —incluyendo talento y startups emergentes de todo el mundo, y Europa no es una excepción. Actuar así tiene sentido comercial para ellas. Además, en el ámbito tecnológico, los primeros en moverse con grandes inversiones suelen mantenerse en la cima, lo que presenta a Europa un doble desafío: liberar la competitividad en su mercado sin reforzar la posición de los líderes establecidos.

En este contexto, Estados Unidos también ha sido rápido en defender de forma contundente a su industria tecnológica en otras naciones, particularmente frente a lo que considera intentos de sobrerregular o de reducir el superávit comercial en servicios del que goza. Que países o entidades como la Unión Europea tomen una página del agresivo manual estadounidense de comercio de bienes y lo utilicen contra Estados Unidos en el sector servicios no es bien recibido en Washington, donde persiste el blindaje de sus intereses.

La politización de la tecnología: el caso Microsoft y el CLOUD Act

El panorama tecnológico se está politizando cada vez más, y las empresas tecnológicas estadounidenses no son inmunes a las crecientes presiones políticas internas. Un ejemplo claro se produjo cuando un representante de Microsoft reconoció bajo juramento en una investigación del Senado francés que la empresa no podía garantizar la plena soberanía digital si las autoridades estadounidenses solicitaban acceso a los datos almacenados en servidores de Microsoft en el extranjero, tal como lo permite el CLOUD Act estadounidense. También se ha informado de que Microsoft canceló los servicios al fiscal jefe de la Corte Penal Internacional tras la decisión de abrir una investigación sobre las acciones de funcionarios israelíes en Gaza, para cumplir con las sanciones estadounidenses. Los rumores sobre puertas traseras para agencias de inteligencia y mecanismos de desactivación añaden más leña al fuego de la desconfianza.

¿Qué es el CLOUD Act y por qué es relevante para la soberanía digital europea?

El CLOUD Act (Clarifying Lawful Overseas Use of Data Act) es una ley federal de Estados Unidos que permite a las autoridades estadounidenses solicitar acceso a datos almacenados por proveedores de servicios estadounidenses, independientemente de dónde se encuentren físicamente los servidores. Esto significa que una empresa europea que almacene sus datos en un servidor de Microsoft o Amazon en Dublín o Frankfurt podría, en teoría, estar sujeta a una orden de registro estadounidense, sin que las leyes de protección de datos europeas puedan impedirlo plenamente. Esa es la razón central por la que el CLOUD Act se ha convertido en un símbolo de la vulnerabilidad de la dependencia tecnológica.

Evaluación de riesgos geopolíticos y el dilema de las alternativas

Por supuesto, no solo Estados Unidos utiliza el comercio como palanca geopolítica. Todos los continentes, incluida Europa, tienen países dispuestos o inclinados a usar tales métodos, lo que hace esencial considerar el riesgo político de las alternativas. En el último año, en la UE, varios grupos de países se han agrupado en torno a enfoques más o menos políticos sobre la soberanía tecnológica. El énfasis en el control operativo, técnico y legal sobre la tecnología parece estar reñido con centrarse principalmente en el país de origen o la ubicación geográfica de la infraestructura. Por otro lado, el temor a que un mecanismo de desactivación pueda ser utilizado contra Europa en una confrontación aviva aún más las consideraciones políticas de la soberanía digital, lo que podría afectar la calidad del debate político basado en realidades legales y técnicas.

Diferencias culturales y regulatorias

Surge un desafío adicional de los diferentes enfoques culturales y regulatorios en la gobernanza tecnológica. A pesar del America First, Estados Unidos suele priorizar la apertura del mercado y la competitividad internacional, mientras que la UE pone un mayor énfasis en la protección del consumidor, la seguridad pública, el control de la competencia y ahora la soberanía digital. Algunos sectores temen que, al aceptar tecnología estadounidense, se vean forzados a aceptar un enfoque que choca con sus propios valores. La soberanía digital está ganando adeptos más allá de los círculos políticos y de política —entre grupos de la sociedad civil, así como en narrativas nacionalistas— precisamente porque parece propicia para imponer un reglamento digital europeo que proporcione las salvaguardas habituales en el mercado. Los defensores de la soberanía digital tienden a enfatizar la jurisdicción legal bajo la que opera la tecnología. Esto conlleva el riesgo de secuestrar el debate y dejarse llevar por una ola ideológica en detrimento del ecosistema de innovación europeo. Sin mantener una apertura razonable, las tecnologías autóctonas tendrán dificultades para prosperar.

El factor de la ciberseguridad: la lección del apagón de CrowdStrike

La politización de la tecnología no es la única preocupación. El apagón de CrowdStrike en 2024 afectó a varias grandes empresas, incluidas las del importante sector de la aviación. Los sistemas informáticos pueden fallar y ser vulnerables a ataques. Ciertamente, parece haber un flujo constante de vulnerabilidades explotables, incluidos los fallos de día cero. Es aquí donde el renovado enfoque de la UE en la seguridad de la cadena de suministro de TIC cobra protagonismo, complementando las iniciativas específicamente dirigidas a la soberanía tecnológica. El marco propuesto para identificar proveedores de alto riesgo en las cadenas de suministro de TIC, en el marco de la revisión de la Ley de Ciberseguridad, pretende proporcionar una metodología integral que fusione consideraciones políticas, legales y técnicas para excluir a proveedores de alto riesgo. Este enfoque busca aumentar el control y la jurisdicción europeos sobre las cadenas de suministro críticas, así como crear potencialmente espacio para el crecimiento de alternativas europeas que reemplacen a los proveedores excluidos.

El lavado de soberanía: ¿soluciones estadounidenses «hechas para Europa»?

En respuesta a las crecientes demandas de soberanía tecnológica nacional y protección de la competitividad local en varias regiones del mundo, varias empresas tecnológicas estadounidenses han comenzado a ofrecer soluciones “soberanas” adaptadas a jurisdicciones extranjeras. Si bien estas iniciativas, como las que se están dando en Europa, pretenden abordar las preocupaciones sobre la gobernanza de datos y la autonomía operativa, algunos analistas señalan que estos modelos pueden seguir dependiendo en gran medida de la infraestructura, los marcos legales y la supervisión corporativa de Estados Unidos. Los críticos, incluidos muchos miembros del Parlamento Europeo, denominan a esto “lavado de soberanía tecnológica”. Preguntas similares se ciernen sobre ciertos proveedores nacionales que comercializan sus servicios como soluciones soberanas, pero que siguen dependiendo de tecnología de origen estadounidense en el núcleo de sus plataformas, lo que genera incertidumbre sobre hasta qué punto estas ofertas pueden ofrecer realmente un control independiente.

La confianza es volátil: las alianzas no son eternas

Aunque las críticas se centran actualmente en Estados Unidos y China, también debemos reconocer que las relaciones entre naciones pueden cambiar con el tiempo. La pertenencia a una misma agrupación, ya sea la UE, la ASEAN, la Unión Africana u otras, no garantiza que un miembro no pueda utilizar el apalancamiento tecnológico contra otro durante una disputa. El liderazgo político y las prioridades políticas pueden cambiar rápidamente, y con ellos, la dinámica de la confianza y la cooperación. Algunos pueden señalar los marcos legales o los contratos como garantía, pero estos importan poco cuando los estados-nación deciden ejercer su influencia legal sobre sus empresas y sobre aquellos que quieren operar en su mercado. El desafío para los responsables políticos es traducir las palabras de apoyo y el sentimiento a favor de una mayor soberanía tecnológica e independencia digital en acciones significativas.

Defensas cibernéticas de confianza y el camino hacia un «Made in Europe»

En el ámbito de la ciberseguridad, existen alternativas creíbles disponibles. ESET es un ejemplo destacado, aunque ciertamente no el único. Muchas empresas europeas están trabajando arduamente para competir a nivel global. En última instancia, las organizaciones necesitan comprender y reducir sus riesgos de exposición, adoptando soluciones de confianza adaptadas a cada caso que garanticen un fuerte cumplimiento de marcos estrictos de protección de datos, como el GDPR.

¿Cómo puede Europa fomentar alternativas tecnológicas viables?

Para fomentar alternativas viables, Europa debe adaptar sus procesos de contratación pública y sus esquemas de financiación pública para favorecer a los proveedores locales. El aumento de la adjudicación de contratos públicos (en lugar de subvenciones) podría ser una forma eficaz de estimular el crecimiento empresarial y, al mismo tiempo, reducir los costes para los contribuyentes. El cambio de proveedor también debería facilitarse mediante una mayor interoperabilidad integrada, mitigando los “bloqueos técnicos” y reduciendo los costes de migración. La Organización Europea de Ciberseguridad (ECSO) ha abogado por una estrategia industrial dedicada a la ciberseguridad, dada su importancia estratégica.

Se esperan con gran interés los detalles del “Paquete de Soberanía Tecnológica” de la Comisión Europea, previsto para finales de mayo, así como la posible revisión de las normas de contratación pública en el marco de la Ley de Contratación Pública. Se esperan medidas tangibles, realistas y, con suerte, prácticas destinadas a nutrir y escalar las alternativas europeas. Es fundamental lograr el equilibrio adecuado entre consideraciones políticas fluidas y consideraciones técnicas objetivas al establecer los criterios que definen una solución “hecha en Europa”. La soberanía no debería reducirse al origen geográfico del proveedor. Debería concederse un mayor peso a los indicadores objetivos de cómo una solución ofrece autonomía operativa y aislamiento legal de jurisdicciones no pertenecientes a la UE.

Por último, dada la complejidad del desafío y la magnitud de la brecha que la UE pretende cerrar, también es necesario ser realistas sobre los plazos y ciertos tipos específicos de tecnologías en las que es poco probable que Europa alcance la soberanía a corto o medio plazo. En tales casos, una proporción razonable de componentes fabricados en la UE en el producto final debería ser un paso suficiente para incrementar gradualmente la capacidad nacional. Esto podría combinarse con la evaluación de las funciones críticas de un producto, que deberían basarse (o al menos en su mayoría) en tecnología fabricada en la UE.

El papel del sector privado en la nueva ecuación geopolítica

El sector privado también tiene un papel vital que desempeñar al considerar la soberanía tecnológica, el riesgo geopolítico y las vulnerabilidades de la cadena de suministro en sus decisiones de contratación. Si el sector privado también se alinea con la causa, la adopción de alternativas y el estímulo se sentirían ampliamente. Un riesgo, sin embargo, es que el apoyo se concentre en una o dos empresas nacionales o regionales, un error que podría socavar el sector. La competencia sana impulsa precios más bajos, una mayor innovación y reduce la vulnerabilidad estratégica en caso de que una sola empresa fracase o encuentre dificultades.

El panorama geopolítico ha cambiado significativamente. Un desacoplamiento completo de la tecnología estadounidense no es realista ni necesario, pero el entorno cambiante sí exige que las naciones y las empresas reevalúen sus relaciones y dependencias. Los riesgos que apenas se consideraban hace unos años deben ser ahora reconocidos, comprendidos, integrados en la toma de decisiones y mitigados activamente. La ofensiva europea por la soberanía tecnológica no es un capricho ideológico, sino una respuesta estratégica a un mundo donde la tecnología es, cada vez más, el campo de batalla de la geopolítica y la confianza, un bien escaso y volátil.

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