Un nuevo fósil hallado en China, datado en 295 millones de años, desafía todo lo que la ciencia creía saber sobre el origen de las flores. Si la interpretación del equipo de paleontólogos chinos se confirma, las primeras angiospermas habrían aparecido en el Pérmico temprano, unos 150 millones de años antes de lo que establece el consenso actual, y mucho antes de que los dinosaurios poblaran la Tierra. El hallazgo no solo reabre un debate científico clásico, sino que obliga a repensar la cronología evolutiva del reino vegetal y el papel que las plantas con flor tuvieron en la transformación de los ecosistemas antiguos.
El fósil Permocarpelloides shuozhouensis: un descubrimiento de 295 millones de años
Un equipo de investigación del Instituto de Geología y Paleontología de Nanjing, perteneciente a la Academia China de Ciencias, ha descrito un nuevo género y especie bautizado como Permocarpelloides shuozhouensis. El espécimen fue recuperado en la mina de Antaibao, en la localidad de Shuozhou, provincia de Shanxi, en el norte de China. El fósil conserva tres estructuras diminutas, de entre 4,2 y 4,8 milímetros, dispuestas en paralelo. En el interior de cada una de ellas se observan pequeñas bolitas que los investigadores interpretan como óvulos o semillas en distintos estados de desarrollo.
La edad del fósil está establecida con un alto nivel de precisión gracias al método de datación uranio-plomo aplicado a la formación geológica donde apareció. Los análisis sitúan la roca en un intervalo de entre 295 y 298,9 millones de años, lo que corresponde al Pérmico temprano. Eso significa que el fósil es unos 150 millones de años más antiguo que los registros fósiles de angiospermas aceptados mayoritariamente, que se concentran en el Cretácico, hace entre 130 y 145 millones de años.
¿Qué hace tan especial a este fósil?
Lo crucial no es solo su antigüedad, sino la forma en que están organizadas las semillas. En Permocarpelloides shuozhouensis, los óvulos o semillas aparecen encerrados dentro de una estructura externa. Ese es precisamente el rasgo definitorio de las angiospermas desde que el botánico Paul Hermann acuñó el término hace más de tres siglos, y que da origen etimológico al nombre del grupo: «angiosperma» significa «semilla encerrada». Esta característica las diferencia de las gimnospermas, como los pinos o las cícadas, que mantienen sus semillas expuestas sobre escamas o estructuras abiertas.
Los tres carpelos del nuevo fósil están ordenados de una forma que recuerda a la organización estructural de las flores actuales, en concreto a las del orden Magnoliales. Esta disposición es más compleja y similar a la de las angiospermas modernas que la observada en otros candidatos a flor del Pérmico propuestos anteriormente por el mismo equipo.
El debate sobre el origen de las flores: del Cretácico al Pérmico
La cuestión de cuándo aparecieron las primeras angiospermas es una de las preguntas más espinosas de la paleobotánica. Durante décadas, el registro fósil más antiguo aceptado de forma generalizada se situaba en el Cretácico inferior, con ejemplares como Archaefructus, hallado en China y datado hace unos 125 millones de años. Sin embargo, un grupo de investigadores chinos viene proponiendo desde hace años que el origen podría ser mucho más remoto.
Los precedentes: Taiyuanostachya, Yuzhoua y Dengfengfructus
El equipo de Nanjing ya había presentado anteriormente tres posibles angiospermas del Pérmico: Taiyuanostachya, Yuzhoua y Dengfengfructus. Estos fósiles también mostraban características interpretadas como propias de plantas con flor, pero su condición fragmentaria y la falta de una organización clara de los carpelos dejaban abierta la puerta a interpretaciones alternativas. Muchos paleobotánicos consideraban que podían tratarse de gimnospermas con morfologías inusuales o de plantas extintas sin relación directa con las angiospermas modernas.
La novedad de Permocarpelloides shuozhouensis radica en que presenta tres carpelos ordenados de manera que recuerda inequívocamente a la estructura básica de una flor. Esa disposición paralela y la presencia de óvulos en diferentes etapas de desarrollo dentro de cada carpelo ofrecen, según los autores, una evidencia mucho más sólida de que estamos ante una verdadera angiosperma del Pérmico.
¿Por qué este hallazgo es tan relevante para la evolución vegetal?
Si la interpretación del equipo chino se sostiene tras el escrutinio de la comunidad científica, las consecuencias son profundas. Las angiospermas son hoy el grupo dominante del reino vegetal: representan alrededor del 90% de todas las especies de plantas terrestres. Su éxito evolutivo se atribuye en buena medida a la flor y al fruto, estructuras que permiten una polinización más eficiente y una protección y dispersión de las semillas mucho más efectiva que la de las gimnospermas.
Adelantar su origen al Pérmico temprano implicaría que las primeras flores aparecieron en un mundo muy diferente al del Cretácico. Hace 295 millones de años, el supercontinente Pangea estaba en proceso de formación, el clima era más seco y los bosques estaban dominados por helechos, licopodios y las primeras gimnospermas. Los dinosaurios aún no existían —surgirían unos 70 millones de años después, en el Triásico— y los anfibios y los primeros sinápsidos eran los vertebrados terrestres dominantes.
Un origen tan temprano obligaría a revisar los modelos actuales sobre la evolución de los ecosistemas terrestres. Las angiospermas podrían haber sido un componente menor pero persistente de la vegetación durante decenas de millones de años, diversificándose lentamente hasta explotar en el Cretácico, cuando las condiciones ambientales y ecológicas se volvieron más favorables.
Respuesta a la pregunta: ¿Qué son las angiospermas y por qué son importantes?
Las angiospermas, también llamadas plantas con flores, son un grupo de plantas vasculares que producen flores y frutos. Su característica distintiva es que las semillas se desarrollan encerradas dentro de un ovario, que madura hasta convertirse en un fruto. Esto les proporciona una ventaja evolutiva clave: protección de las semillas frente a herbívoros y condiciones adversas, y mecanismos más sofisticados de dispersión. Incluyen desde pequeñas hierbas hasta enormes árboles como robles, mangos o secuoyas, y son la base de la mayoría de los ecosistemas terrestres actuales, así como de la agricultura y la alimentación humana.
Las dudas y la cautela científica: el «sí, pero» del fósil chino
Encontrar posibles flores anteriores al Cretácico es algo que lleva décadas generando controversia, y por una razón de peso: los fósiles de esa época suelen estar incompletos y mal conservados, lo que abre la puerta a interpretaciones divergentes. El propio equipo de investigación admite en su publicación que, aunque Permocarpelloides terminara clasificándose como una gimnosperma extinguida con una morfología inusual, seguiría siendo un hallazgo evolutivamente relevante. Eso demuestra que el hábito de encerrar las semillas ya se estaba «ensayando» en el reino vegetal mucho antes del Cretácico, incluso si no estamos ante una verdadera angiosperma.
La comunidad paleobotánica internacional recibirá este estudio con escepticismo, como es habitual ante afirmaciones que desafían paradigmas consolidados. El registro fósil del Pérmico es relativamente pobre en plantas con estructuras reproductivas bien conservadas, y la interpretación de estructuras tan diminutas —de menos de 5 milímetros— siempre deja margen para el error. No obstante, el uso de datación uranio-plomo de alta precisión aporta una base cronológica sólida que otros candidatos anteriores no tenían.
¿Por qué es tan difícil encontrar fósiles de flores antiguas?
Las flores son estructuras frágiles y efímeras. A diferencia de la madera, las hojas o las semillas duras, los pétalos, carpelos y estambres se descomponen con facilidad y rara vez se fosilizan en condiciones que permitan identificar sus detalles anatómicos. Para que una flor se conserve como fósil, se necesita un enterramiento rápido en sedimentos de grano fino en ausencia de oxígeno, condiciones que son poco frecuentes. Por eso la mayor parte del registro fósil de angiospermas proviene de ámbar, sedimentos lacustres o depósitos volcánicos excepcionales. En rocas del Pérmico, ese tipo de conservación es aún más raro.
Un fósil que transforma la narrativa evolutiva
Independientemente de cómo se resuelva el debate taxonómico, Permocarpelloides shuozhouensis constituye un hallazgo de primer orden. Si se confirma como angiosperma, el origen de las flores se retrasa hasta el Pérmico temprano, lo que implica que las plantas con flor coexistieron con los primeros reptiles, los grandes anfibios y los bosques de helechos arborescentes. También sugiere que la evolución de la flor pudo haber sido un proceso gradual y prolongado, no una explosión evolutiva repentina ocurrida en el Cretácico como hasta ahora se pensaba.
La capacidad de encerrar las semillas, como muestra este fósil, es una innovación que apareció mucho antes de que las angiospermas se convirtieran en el grupo dominante. Eso encaja con la idea de que muchas adaptaciones clave surgen temprano en la historia evolutiva de un linaje, pero tardan millones de años en combinarse y perfeccionarse hasta desencadenar una radiación adaptativa masiva.
El equipo de Nanjing seguirá explorando la mina de Antaibao y otras localidades del Pérmico chino en busca de más fósiles que permitan confirmar o descartar la interpretación de Permocarpelloides. Mientras tanto, la discusión científica está servida. Las flores podrían ser mucho más antiguas de lo que imaginábamos, y su historia, comenzar mucho antes de que los primeros dinosaurios pisaran la Tierra.