El bajo precio del petróleo fuerza recortes en el megaproyecto Neom

La caída del precio del petróleo obliga a Arabia Saudí a recortar su ambicioso megaproyecto Neom, poniendo en jaque su plan de diversificación económica.

Por Central
El megaproyecto Neom sufre recortes debido al bajo precio del petróleo y la inestabilidad geopolítica.
Destacados
  • El bajo precio del petróleo ha provocado una nueva oleada de recortes en el megaproyecto Neom.
  • Arabia Saudí enfrenta un déficit presupuestario de 27.000 millones de dólares por la caída de ingresos petroleros.
  • Los eventos deportivos globales como el Mundial 2034 priorizan la inversión sobre el proyecto Neom.

El desplome del precio del petróleo y la persistente inestabilidad geopolítica han provocado una nueva oleada de recortes en el megaproyecto Neom, el ambicioso plan saudí para construir una ciudad futurista en el desierto. Arabia Saudí, que ha sido el centro de atención gracias a los distópicos proyectos arquitectónicos que el país ha puesto en marcha con el objetivo de diversificar su economía y convertirse en un destino turístico de lujo, se enfrenta ahora a la dura realidad de que sus finanzas dependen más que nunca del recurso que pretendían dejar atrás.

El bajo precio del petróleo fuerza recortes en el megaproyecto Neom: la pesadilla financiera de Arabia Saudí

Tras una racha de fluctuaciones económicas que ha reducido los rendimientos del fondo de financiación saudí y las turbulencias provocadas por el bloqueo del estrecho de Ormuz, todo el proyecto se tambalea. El motivo es el bajo precio del petróleo y unas estimaciones de que se mantenga así durante un tiempo. La situación es crítica: los ingresos del país, históricamente ligados a la exportación de crudo, no alcanzan para sostener el ritmo de gasto que exigen las megaconstrucciones.

La caída del precio del petróleo y el colapso de los ingresos saudíes

Uno de los motivos que impulsó el proyecto Vision 2030 de Arabia Saudí era, precisamente, desvincular al país de su fuerte dependencia de los yacimientos de gas y petróleo, origen de su actual prosperidad. Sin embargo, el contexto geopolítico actual y el auge imparable de las energías renovables ha hecho que el precio del petróleo, recurso vital para la economía saudí, haya experimentado una considerable caída en los últimos meses. La paradoja es evidente: para financiar la transición hacia una economía post-petróleo, Arabia Saudí necesita que el petróleo se mantenga caro, justo lo que no está ocurriendo.

Tal y como recogía el Financial Times, en marzo de 2025, el precio del barril en los mercados internacionales rondaba los 70 dólares, muy lejos de los más de 100 dólares que se alcanzaron en 2022. A pesar del incremento en la producción anunciado por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP+), la recuperación de los precios del oro negro ha sido lenta e insuficiente, registrando varios altibajos agravados por el bloqueo del estrecho de Ormuz, pero manteniendo una tendencia de estabilidad entre los 70 y los 90 dólares. Este rango de precios, aunque elevado en términos históricos, resulta insuficiente para cubrir los ambiciosos presupuestos saudíes.

Sin petróleo no hay financiación: el déficit presupuestario de 27.000 millones de dólares

Este descenso en los ingresos afecta directamente al presupuesto del país, estimando un recorte del gasto de más del 3,7% anual para 2025. Las autoridades saudíes habían proyectado ingresos mucho más altos para financiar sus ambiciosos planes, por lo que se ha generado un déficit significativo en las cuentas públicas que pone en riesgo la financiación de sus megaproyectos estrella. La magnitud del agujero es tal que obliga a tomar decisiones dolorosas.

Según publicaba Bloomberg, el gobierno de Arabia Saudí había presupuestado un gasto de 342.000 millones de dólares para 2025, de los cuales estimaba recuperar unos 315.000 millones de dólares en concepto de ingresos por el petróleo. Eso dejaría un déficit de unos 27.000 millones, que se agrava por la reducción de ingresos de un petróleo que no repunta. Las cuentas no cuadran y cada dólar que cae el precio del barril se traduce en cientos de millones de déficit adicional.

«Una caída más pronunciada y sostenida del precio del petróleo requeriría una reducción más profunda del gasto gubernamental para contener la magnitud del déficit y la acumulación de deuda gubernamental. Probablemente también habrá algún ajuste y recalibración adicional en los planes de inversión fuera de presupuesto», explicaba Monica Malik, economista jefe del Abu Dhabi Commercial Bank al Financial Times. Sus palabras resumen la encrucijada: o se recorta el gasto o se dispara la deuda.

¿Qué es Neom y por qué su viabilidad depende del precio del crudo?

Neom es un megaproyecto de ciudad inteligente y sostenible en la región noroeste de Arabia Saudí, concebido como un pilar central del plan Visión 2030 para diversificar la economía del reino. Su viabilidad financiera depende directamente del precio del petróleo porque el fondo soberano saudí, el Fondo Público de Inversión, se nutre en gran medida de los ingresos petroleros. Cuando el crudo baja, el fondo se resiente y los proyectos faraónicos como Neom, The Line o los destinos turísticos de lujo se quedan sin el oxígeno financiero necesario para proseguir. La respuesta directa a la pregunta es: cada barril de petróleo que se vende por debajo de los 90 dólares reduce la capacidad del Estado para apuntalar sus proyectos emblemáticos.

Los recortes en Neom: de 170 kilómetros a 2,7 kilómetros y la cancelación de la desaladora

No es la primera vez que los faraónicos proyectos arquitectónicos de Neom se recortan. Ya hace un año, las expectativas de construir un edificio de 170 km de largo, The Line, se rebajaron a 2,7 km para 2030 y se canceló la construcción de la planta desaladora que iba a garantizar el suministro de agua potable para la nueva ciudad. El sueño de una línea recta de rascacielos espejados de 170 kilómetros se ha reducido a una fracción minúscula, un síntoma claro de que la realidad financiera ha vencido a la ambición arquitectónica.

A diferencia de la situación actual, aquellos recortes estaban motivados por el mal rendimiento financiero del Fondo Público de Inversión saudí, tal y como contaba The Wall Street Journal, y por algunas maniobras de «contabilidad creativa» por parte de los gestores de la obra con el objetivo de justificar los sobrecostes. Ahora, el problema es estructural y proviene de la fuente misma de la riqueza saudí: el petróleo.

La encrucijada saudí: recortar Neom para pagar el Mundial 2034

Con toda una caterva de obras a medio construir y unos ingresos comprometidos por el mal rendimiento del mercado del petróleo, la única salida para el gobierno saudí fue atraer la mayor cantidad de inversiones posibles para sufragar los crecientes gastos. De esa fuga hacia adelante surgen los compromisos para convertir a Arabia Saudí en sede de los Juegos Asiáticos de Invierno en 2029, la Expo 2030 en Riad y la Copa Mundial de fútbol en 2034. Por el momento, los primeros se han pospuesto sin concretar una fecha.

Estos compromisos requerirán que el gobierno recorte todavía más las inversiones destinadas a los grandes proyectos turísticos de Neom, para centrarse en la construcción de los estadios futuristas a los que se comprometió para el Mundial. Los equipamientos ya construidos se reorientarán a otros usos. La decisión es estratégica: los eventos deportivos globales tienen plazos innegociables y generan ingresos inmediatos, mientras que Neom es un proyecto a muy largo plazo que, en el contexto actual de estrechez financiera, se ha convertido en un lujo que Arabia Saudí ya no puede permitirse al ritmo planeado.

El futuro de Neom: recalibración, no cancelación

La situación no implica una cancelación total del proyecto, sino una recalibración profunda. Arabia Saudí sigue necesitando diversificar su economía y Neom sigue siendo el buque insignia de esa estrategia. Sin embargo, los plazos se alargarán, las ambiciones se moderarán y la prioridad pasará a ser la contención del déficit y la generación de ingresos a corto plazo. La pregunta que queda en el aire es si, cuando el petróleo vuelva a subir —si es que vuelve a hacerlo de forma sostenida—, el país recuperará la ambición original o si el daño a la credibilidad del proyecto será ya irreversible. Por ahora, la tijera sigue cortando y el sueño de una ciudad lineal en el desierto se reduce metro a metro.

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