Nusantara carece de vida urbana: solo 1.000 empleados la habitan

La futura capital de Indonesia, Nusantara, apenas cuenta con 1.000 empleados residentes, muy lejos de los 10.000 previstos, evidenciando la falta de vida urbana.

Por Central
La crisis habitacional de Nusantara: solo 1.000 empleados viven en la futura capital de Indonesia.
Destacados
  • Solo 1.000 empleados públicos residen en Nusantara, frente a los 10.000 previstos en los planes iniciales.
  • El centro administrativo KIPP abarca 6.600 hectáreas pero permanece prácticamente vacío de habitantes.
  • El mayor riesgo es que Nusantara se convierta en un monumento a la planificación sin vida urbana real.

Hay algo profundamente desconcertante en Nusantara. Basta con recorrer su centro administrativo para pensar que la futura capital de Indonesia ya está tomando forma: el palacio Garuda domina el horizonte, a su alrededor se levantan ministerios, hospitales y bloques residenciales, y la imagen general empieza a parecerse a la de una capital en pleno funcionamiento. Sin embargo, una ciudad no se construye únicamente con hormigón y acero. Necesita habitantes, actividad económica, servicios cotidianos y un flujo constante de personas. Y es ahí donde emerge la brecha real entre lo que Indonesia ya ha levantado sobre el terreno de Borneo y la Nusantara que imaginó para las próximas décadas. La realidad, medida en empleados públicos y vida urbana, es que la ciudad carece del pulso necesario para ser considerada una capital viva.

El espejismo de una capital terminada: solo 1.000 empleados frente a los 10.000 previstos

Las cifras ayudan a dimensionar esa distancia entre la ambición arquitectónica y la realidad demográfica. El centro administrativo de Nusantara, conocido como KIPP, abarca unas 6.600 hectáreas y, desde un punto de vista físico, parece casi terminado. Sin embargo, buena parte de los edificios permanece prácticamente vacía. Según datos recogidos por Nikkei Asia, apenas 1.000 empleados públicos residen actualmente en el lugar, una cifra que se sitúa muy por debajo de los 10.000 o más que se contemplaban en planes anteriores. La actividad constructora y comercial, lejos de acelerarse, se ha enfriado respecto al ritmo que se observaba en 2024. El desafío, por tanto, ya no consiste únicamente en terminar obras faraónicas: el verdadero problema es que el proyecto continúe avanzando sin dar pasos hacia atrás, mientras la vida cotidiana se resiste a germinar.

Esta falta de habitantes no es un detalle menor. Para que una ciudad funcione, necesita una masa crítica de personas que la habiten, la consuman y la doten de sentido. Con solo 1.000 empleados viviendo en el centro neurálgico, Nusantara se parece más a un enorme complejo gubernamental en construcción que a una capital viva. La pregunta que flota en el ambiente es si Indonesia será capaz de convertir ese esqueleto de edificios en un organismo urbano con pulso propio.

De las 6.600 hectáreas del centro político a las 256.000 del territorio total: la escala real del proyecto

Para entender la magnitud del reto, es necesario dejar de mirar únicamente el centro político y observar el plano completo de la nueva capital. El KIPP, el área donde se concentran las principales dependencias gubernamentales, abarca 6.671 hectáreas. Pero esa es solo la punta del iceberg. El área urbana proyectada, denominada KIKN, alcanza unas 56.180 hectáreas. Y el territorio terrestre completo sobre el que se asienta el proyecto supera las 256.000 hectáreas. La diferencia es clave: Indonesia no diseñó únicamente una nueva sede administrativa, sino una ciudad mucho más extensa cuyo desarrollo debía prolongarse durante décadas.

La planificación oficial, disponible en los documentos del organismo gestor IKN, dibuja un horizonte ambicioso. Se proyecta que para 2045 el área urbana de Nusantara albergue entre 1,7 y 1,9 millones de habitantes. Esa escala exige mucho más que trasladar dependencias del Estado. En una fase temprana, el Ministerio de Planificación del Desarrollo Nacional partía en 2020 de unos 100.000 residentes locales y calculaba que la población podría alcanzar las 700.000 personas en 2025. Esa cifra, a día de hoy, parece un espejismo lejano. La distancia entre la planificación y la ejecución sobre el terreno es, sencillamente, abismal.

Atraer población no es solo construir viviendas: el desafío de crear una economía desde cero

Pero atraer a esa masa crítica de habitantes no depende únicamente de edificar viviendas o ministerios. Exige construir una economía alrededor que ofrezca empleo, servicios y oportunidades. La planificación oficial de Nusantara contempla seis clústeres económicos estratégicos: tecnologías limpias, industria farmacéutica integrada, agricultura sostenible, ecoturismo, química y productos químicos, y energía baja en carbono. Sobre el terreno, sin embargo, esa dinámica económica sigue siendo extraordinariamente débil.

El periodismo de investigación de Nikkei Asia ha documentado la situación en Sepaku, uno de los núcleos cercanos al centro administrativo. Los comercios locales registran muchos menos clientes que hace dos años, un síntoma claro de que la actividad económica no termina de despegar. La Cámara de Comercio e Industria de Indonesia ha sido aún más explícita: los inversores privados buscan actividad económica real, población viviendo en la zona y certeza de ejecución antes de comprometer más capital. Sin esos tres elementos, el dinero no fluye. Y sin inversión, la ciudad difícilmente podrá generar los empleos y servicios que necesita para atraer a esos millones de habitantes que espera para 2045.

El dinero que falta: el presupuesto público cae un 89% en un año

El flujo de capital muestra con crudeza otra parte de la brecha entre ambición y realidad. El coste total estimado de Nusantara se sitúa en 466 billones de rupias, unos 22.600 millones de euros, con el compromiso inicial de que el Estado no aportase más del 20% de esa cifra. Sin embargo, la realidad fiscal ha sido muy diferente. El presupuesto público destinado al desarrollo de la capital cayó de 43 billones de rupias en 2024 (aproximadamente 2.090 millones de euros) a solo 4,7 billones en 2025 (unos 228 millones de euros). Para 2026, la partida prevista es de 5,5 billones de rupias, unos 267 millones de euros. Es decir, una reducción de casi el 89% en un solo año.

¿Y qué hay de la inversión privada? La última desagregación ofrecida por la Autoridad de la Capital Nusantara (OIKN) cifra en 74,54 billones de rupias, unos 3.620 millones de euros, la inversión privada estimada procedente de 67 inversores. Los proyectos mediante colaboración público-privada alcanzan los 134,22 billones de rupias, unos 6.520 millones de euros. Son cantidades significativas, pero insuficientes para cubrir el agujero que ha dejado la contracción del gasto público. La combinación de un Estado que reduce drásticamente su aportación y unos inversores que esperan señales de vida urbana antes de comprometerse crea una trampa de liquidez difícil de romper.

¿Se moverá la capital política? El calendario de Prabowo Subianto y la incógnita del decreto presidencial

La incógnita política tampoco equivale a un abandono del proyecto, pero introduce un factor de incertidumbre adicional. El presidente Prabowo Subianto ha mantenido una presencia pública mucho menor en Nusantara que su antecesor, Joko Widodo. Un gesto simbólico lo revela todo: este 17 de agosto, Prabowo tiene previsto volver a encabezar en Yakarta la ceremonia del Día de la Independencia, en lugar de hacerlo desde la nueva capital. Sin embargo, su Gobierno mantiene oficialmente 2028 como el año objetivo para convertir Nusantara en la capital política del país.

Ese calendario implicaría completar las sedes legislativas y judiciales, y avanzar de forma significativa en el traslado de empleados públicos. El marco vigente contempla que inicialmente se trasladen entre 1.700 y 4.100 empleados, y que esa cifra alcance unos 9.500 para 2029. Son números modestos comparados con los 10.000 que se esperaban en fases anteriores, pero al menos establecen una hoja de ruta concreta. Existe, además, un matiz jurídico de suma importancia: Yakarta sigue conservando formalmente las funciones y el estatus de capital de Indonesia. El traslado efectivo solo se producirá cuando el presidente emita el decreto que lo haga efectivo, algo que el Tribunal Constitucional confirmó en mayo de 2026 como un paso necesario que, hasta el momento, no había ocurrido. Mientras ese decreto no se firme, Nusantara es, legalmente, una ciudad en construcción, pero no la capital.

La pregunta clave: ¿puede la planificación convertirse en vida urbana?

Nusantara se encuentra así en una fase mucho más interesante y compleja que la simple construcción de infraestructuras. Indonesia ya ha demostrado que puede transformar físicamente una parte de Borneo: los edificios están ahí, las carreteras existen, el palacio Garuda impresiona. Lo que queda por demostrar es si la población crecerá hasta acercarse a la escala prevista, si los compromisos empresariales se convertirán en actividad económica duradera y, sobre todo, si la vida cotidiana dejará de depender del propio proyecto que la creó.

El horizonte marcado es 2045, un plazo que parece lejano pero que, en términos de planificación urbana, es casi inmediato. La distancia que queda por recorrer no se mide tanto en kilómetros de carreteras o en metros cuadrados de oficinas gubernamentales, sino en la capacidad de convertir la planificación burocrática en vida urbana real. De momento, Nusantara carece de ese pulso. Tiene edificios, pero le faltan habitantes. Tiene avenidas, pero le falta el bullicio de una ciudad. Y el mayor riesgo no es que el proyecto se abandone, sino que se convierta en un enorme monumento a la planificación sin habitantes, una capital vacía que funciona solo sobre el papel. El tiempo dirá si Indonesia logra cerrar esa brecha o si, por el contrario, Nusantara se convierte en un recordatorio de que una ciudad no se construye solo con cemento, sino con personas dispuestas a vivirla.

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