Google ha dedicado casi una década a resolver la fragmentación de Android, el talón de Aquiles histórico del sistema operativo. Sin embargo, justo cuando fabricantes como Samsung, Honor y la propia Google ofrecían ya siete años de actualizaciones, la compañía ha vuelto a fracturar el ecosistema desde dentro. Esta vez, el campo de batalla no es la versión del sistema ni los parches de seguridad, sino la inteligencia artificial. La estrategia de Google con Gemini Nano y Gemini Intelligence ha creado una nueva capa de fragmentación que separa los dispositivos no por hardware o software base, sino por decisiones comerciales que ni siquiera respetan el límite técnico de los chips más potentes.
El problema original: cómo Google curó la fragmentación clásica de Android
La fragmentación siempre fue uno de los puntos más flojos de Android, ya que la experiencia del sistema difería enormemente según qué terminal lo ejecutara. No se trataba solo de la potencia del móvil o de la versión de Android en la que se quedaba estancado; también influían los acuerdos de exclusividad que hacían que los móviles más punteros obtuvieran las funciones más nuevas mientras el resto quedaba rezagado. El código de Android era un bloque único y enredado que debía reconstruirse cada vez que Google quería lanzar una nueva función o parche. Los fabricantes de chips como Qualcomm y MediaTek solo garantizaban el soporte de controladores durante dos o tres años, por lo que incluso los fabricantes que deseaban hacer las cosas bien se topaban con un muro técnico. Además, la mayoría de los fabricantes simplemente dejaban de actualizar los teléfonos después de un año o dos. En mercados como Estados Unidos, las operadoras insistían en probar y aprobar cada versión de Android en los teléfonos atados a una compañía telefónica antes de que llegara a los clientes.
Google fue eliminando cada capa de este problema. Project Treble, lanzado en 2017, separó el sistema operativo del código del fabricante del chip para que Google pudiera actualizar su mitad sin tocar la otra. Project Mainline, lanzado dos años después, permitió a Google enviar actualizaciones a los componentes centrales del sistema directamente a través de la Play Store, omitiendo por completo a los fabricantes. En el apartado del hardware, Qualcomm se comprometió a principios de 2025 a ofrecer ocho años de soporte de controladores para el Snapdragon 8 Elite y chips posteriores, y MediaTek hizo lo propio a finales de ese mismo año para sus procesadores Dimensity de gama alta. Hoy en día, varias marcas de móviles ofrecen siete o más años de actualizaciones del sistema operativo en sus buques insignia. El panorama ha mejorado mucho en este aspecto, menos en la gama de entrada y media donde sí existen limitaciones de hardware.
Gemini Nano: la capa de IA local que prometía unificar
Con la fragmentación clásica bajo control, Google comenzó a construir una nueva capa sobre Android: la inteligencia artificial local. Los móviles compatibles con Gemini Nano pueden ejecutar este modelo en local para tareas sencillas de IA que no requieran conexión a internet, la mayoría relacionadas con la escritura y traducción. Google ha ido poco a poco construyendo esta capa de IA local en sus teléfonos mientras solucionaba todo el lío de sus actualizaciones de software, y lo ha hecho precisamente con su sistema AICore, que permite a Gemini Nano funcionar utilizando el propio hardware del teléfono.
La primera versión, solo de texto, llegó con el Pixel 8. Una segunda versión multimodal, capaz de procesar imágenes y audio, se lanzó con el Pixel 9 y más tarde llegó a otros buques insignia y plegables. Una tercera versión debutó con el Pixel 10 y hasta llegó al Samsung Galaxy S26. Y una cuarta versión más capaz, con mejor reconocimiento de escritura a mano, soporte de idiomas ampliado y menor consumo de energía, se lanzó primero en los Galaxy Z Fold 8 y Z Flip 8 de Samsung, y después en la propia línea Pixel 11 de Google.
A primera vista, parecía que la evolución era natural: cada generación de hardware traía una versión más avanzada del modelo. Pero esta progresión ocultaba el germen de una nueva fragmentación.
La nueva fragmentación: cuando el hardware no es el límite
Solo los dispositivos que ejecutan Gemini Nano v3 o v4 son compatibles para usar Gemini Intelligence, el nombre general que Google da a sus funciones de IA en el móvil. Estas funciones también requieren al menos 12 GB de RAM y un chipset de gama alta más o menos reciente, según la propia documentación para desarrolladores de Google. Sobre el papel, es un límite de hardware bastante claro. En la práctica, no ha funcionado así.
Tanto el Galaxy S26 como el Z Fold 8 funcionan con el mismo chipset Snapdragon 8 Elite Gen 5. Sin embargo, el S26 se lanzó con Gemini Nano v3 mientras que el Fold 8 y el Flip 8 se lanzaron con v4. Mismo chipset, distintos modelos de lenguaje. El caso más confuso es el del Pixel 9. A pesar de tener suficiente memoria RAM y un chip que no está muy por detrás de los modelos más nuevos, se lanzó ejecutando Nano v2 y quedó excluido de Gemini Intelligence cuando Google presentó la función en mayo de 2026. Luego, sin anunciarlo siquiera, la documentación del ML Kit GenAI de Google incluyó a lo callado al Pixel 9 bajo Nano v3 a partir del 10 de agosto. Lógicamente no ha habido cambio de chip, sino un cambio en la documentación de Google y, a pesar de ello, el Pixel 9 sigue sin recibir Gemini Intelligence.
¿Qué está causando exactamente la nueva fragmentación en Android?
La nueva fragmentación no responde a limitaciones de hardware reales, sino a decisiones comerciales de Google sobre qué versión de Gemini Nano asigna a cada dispositivo. Un mismo chipset puede ejecutar Nano v3 o v4 según el modelo de teléfono, y Google puede actualizar la compatibilidad en la documentación sin que el hardware cambie. Sin embargo, la compañía no garantiza que los dispositivos reciban la última versión del modelo ni el conjunto completo de funciones de Gemini Intelligence, lo que genera una experiencia de IA desigual incluso entre terminales con el mismo procesador y cantidad de RAM.
Gemini Intelligence: funciones que prometen y no llegan
Cumplir los requisitos para Gemini Intelligence tampoco garantiza el conjunto completo de funciones. Automatizar tareas (Task Automation), que permite a Gemini realizar acciones de varios pasos como reservar una mesa desde diferentes apps, es la única función confirmada que funciona en todos los dispositivos con Nano v3 y v4.
Rambler, una herramienta de dictado que limpia el texto para eliminar las partes en las que divagamos hablando, se ha limitado hasta ahora al Pixel 11, sin confirmación de que vaya a expandirse a otros móviles. Otras dos funciones estrella, Create My Widget y Autocompletado inteligente (Intelligent Autofill), aún no están disponibles de forma generalizada en ningún dispositivo, ni siquiera en los plegables de Samsung que debutaron junto con Nano v4.
El resultado es un ecosistema donde dos teléfonos con especificaciones casi idénticas pueden tener capacidades de IA radicalmente diferentes. Un Galaxy Z Fold 8 puede ejecutar tareas que un Galaxy S26, con el mismo chip, no puede. Un Pixel 9, con suficiente RAM, se quedó fuera de Gemini Intelligence durante meses, y aunque Google lo incluyó después en la documentación, sigue sin recibir las funciones.
El cuello de botella no es técnico, es comercial
Google se pasó aproximadamente una década arreglando el tema de la fragmentación en su sistema operativo, dejando algunos flecos aquí y allá. Sin embargo, el cuello de botella de su IA solo involucra a la empresa y a ninguna otra. Nada de lo que sabemos hasta ahora apunta a un muro técnico infranqueable que impida, por ejemplo, al Galaxy S26 ejecutar Nano v4 o al Pixel 9 recibir Gemini Intelligence. El problema parece apuntar solamente a una decisión comercial.
Esta fragmentación inducida tiene consecuencias prácticas para los consumidores. Quien adquiera un buque insignia de 2026 no tiene garantía de obtener la última versión del modelo de IA ni el conjunto completo de funciones. La experiencia depende de qué producto haya decidido Google privilegiar en cada momento, no de la capacidad del hardware. Y la situación se agrava con la crisis de componentes y la subida de los precios de la RAM, una situación que se genera precisamente por una apuesta desenfrenada por la IA y al gasto en infraestructura para centros de datos. Ni siquiera un teléfono de gama alta y nuevo tiene garantizada su compatibilidad con Gemini Intelligence. Si volvemos a los móviles con 8 GB de RAM en la gama alta, se quedan por debajo del umbral de los 12 GB de RAM que Google estableció con Gemini Intelligence.
Las lecciones de la historia que Google parece haber olvidado
La paradoja es notable. Google dedicó más de siete años a construir Project Treble, Project Mainline y presionar a Qualcomm y MediaTek para que ampliaran el soporte de controladores, todo con el objetivo de que cualquier Android actualizado pudiera recibir las mismas funcionalidades básicas. Cuando ese objetivo estaba al alcance, la compañía ha creado una nueva jerarquía dentro de su propio ecosistema de IA, donde no basta con tener la última versión de Android ni el chip más potente.
La fragmentación de la IA en Android no solo replica el problema original, sino que lo empeora en un aspecto clave: antes, la fragmentación era un problema de retraso en las actualizaciones; tarde o temprano, los teléfonos compatibles recibían las mismas funciones. Ahora, la fragmentación es selectiva y permanente. Un dispositivo puede tener todo el hardware necesario y aun así no recibir ciertas capacidades de IA porque Google decide reservarlas para modelos concretos. Esto convierte la experiencia de inteligencia artificial en un factor de diferenciación artificial, independiente de la capacidad real del terminal.
Para el consumidor, la confusión es mayúscula. Comprar un buque insignia de gama alta ya no garantiza acceder a lo último de Google en IA. La documentación cambia silenciosamente, las funciones se despliegan por goteo y los criterios de compatibilidad parecen moverse según intereses comerciales que la compañía no explica. La transparencia que Google exigió a los fabricantes durante años para acabar con la fragmentación brilla por su ausencia en su propia capa de IA.
El futuro inmediato apunta a que esta fragmentación se acentuará. Google tiene incentivos comerciales para reservar las funciones más avanzadas para sus Pixel y para los dispositivos de socios prioritarios. La crisis de la RAM, que encarece los componentes y podría llevar a los fabricantes a reducir la memoria en los modelos de gama alta, estrechará aún más el embudo de dispositivos compatibles. La integración de la IA a los teléfonos ha vuelto a generar la fragmentación que Google precisamente ha estado intentando solucionar todos estos años, y esta vez el responsable no es Qualcomm, ni Samsung, ni las operadoras: es la propia Google.