Portugal construye una desaladora de 108 millones para el Algarve

Portugal invierte 108 millones en una desaladora en Albufeira para combatir la sequía en el Algarve, con una capacidad inicial de 16 hectómetros cúbicos al año.

Por Central
La planta EDAM, en Albufeira, es la primera desaladora para abastecimiento público en Portugal continental.
Destacados
  • La desaladora del Algarve producirá 16 hectómetros cúbicos de agua al año en su primera fase.
  • El proyecto incluye una futura ampliación que duplicará su capacidad hasta los 24 hectómetros cúbicos anuales.
  • La planta, ubicada en Albufeira, es clave para la resiliencia hídrica de una región turística vulnerable a las sequías.

Si alguna vez hemos recorrido la costa del Algarve, probablemente la imagen que nos viene a la cabeza sea la de sus playas entre acantilados dorados, pequeñas calas protegidas por la roca, aguas atlánticas y un clima que ha convertido esta región del sur de Portugal en uno de los grandes destinos turísticos europeos. Pero detrás de ese paisaje existe un problema menos visible: garantizar que haya suficiente agua en una zona donde las sequías prolongadas y la presión sobre los recursos disponibles han obligado a buscar nuevas soluciones. Para responder a ese desafío, Portugal ha puesto en marcha la construcción de una desaladora de 108 millones de euros en el Algarve, una infraestructura que promete convertirse en un pilar estratégico para el abastecimiento de la región.

La desaladora del Algarve: una inversión de 108 millones en Albufeira

El proyecto, impulsado por la empresa pública Águas do Algarve, se está desarrollando en el municipio de Albufeira y lleva por nombre oficial Estação de Dessalinização de Água do Mar do Algarve (EDAM). Se trata de la primera gran planta desaladora de agua de mar destinada al abastecimiento público en Portugal continental, un hito que sitúa al país vecino en un nuevo escenario de gestión hídrica.

La inversión prevista alcanza los 108 millones de euros, una cifra que refleja la magnitud de una infraestructura diseñada para funcionar a gran escala. La primera fase permitirá producir 16 hectómetros cúbicos de agua al año, equivalentes a 43.200 metros cúbicos diarios. Con esa capacidad, la planta podrá atender una parte significativa de la demanda urbana y turística del Algarve central, la zona más presionada por el consumo estacional.

El proyecto contempla además una ampliación futura hasta los 24 hectómetros cúbicos anuales, lo que elevaría su producción a cerca de 65.000 metros cúbicos al día. Esa segunda fase dependerá de la evolución de la demanda y de los resultados ambientales y operativos de la primera etapa. Según el calendario oficial, la entrada en funcionamiento está prevista para 2028, aunque las obras de captación y las conducciones marinas ya han comenzado a definir el trazado de la infraestructura.

Capacidad, fases y calendario de la EDAM

La planta no nace como un proyecto aislado, sino como parte de un programa más amplio de reforzamiento del sistema de abastecimiento del Algarve. La elección de Albufeira no es casual: se sitúa en el litoral central, cerca de los principales núcleos de consumo turístico y con acceso directo al mar, lo que reduce la longitud de las conducciones y facilita la integración con la red de distribución existente.

La infraestructura incluye tanto instalaciones en tierra como estructuras marinas. En el mar se instalarán torres de captación que tomarán agua del océano y la conducirán hasta la planta a través de tuberías submarinas. Una vez tratada, el agua potable se incorporará al sistema público, mientras que la salmuera generada durante el proceso será devuelta al mar mediante un emisario específico, diseñado para dispersar el rechazo salino y minimizar su impacto sobre el ecosistema marino.

El cronograma de la EDAM contempla un periodo de construcción de varios años, con fases sucesivas que incluyen la obra civil, el montaje de los equipos de membranas, la instalación de los sistemas de pretratamiento y postratamiento, y las pruebas de puesta en marcha. La fecha de 2028 se mantiene como objetivo oficial, en línea con las previsiones del Gobierno portugués y de la Comisión de Coordinación y Desarrollo Regional del Algarve.

Un complemento para las fuentes tradicionales de agua

El motivo que ha llevado a Portugal a apostar por la desalación en el Algarve está directamente relacionado con la progresiva pérdida de garantía de las fuentes convencionales. La región depende en buena medida de los embalses y las aguas subterráneas, pero los ciclos de sequía se han vuelto más frecuentes e intensos, reduciendo las reservas almacenadas y aumentando la presión sobre los acuíferos.

Durante los últimos años, el Algarve ha atravesado episodios críticos de escasez, con embalses por debajo de los umbrales de alerta y restricciones puntuales en algunos municipios. Esa situación ha llevado a las autoridades portuguesas a replantearse el modelo de abastecimiento, incorporando fuentes no convencionales como el agua del mar. La desalación no sustituye a los recursos tradicionales, sino que actúa como complemento estratégico para reducir la vulnerabilidad del sistema ante futuros periodos de sequía prolongada.

La nueva planta del Algarve forma parte de una estrategia más amplia definida por el Gobierno portugués y la Agencia Portuguesa de Medio Ambiente. Esa estrategia incluye medidas de eficiencia, impulso a la reutilización del agua regenerada, reducción de pérdidas en las redes de distribución y mejora de las interconexiones entre los distintos sistemas de abastecimiento. La desalación es, por tanto, una pieza más dentro de un puzzle mucho más complejo.

Así funciona la ósmosis inversa en la futura planta del Algarve

¿Qué es la ósmosis inversa y cómo permite convertir agua de mar en agua potable? Es un proceso de separación que utiliza membranas semipermeables para retener las sales disueltas en el agua salada. En la EDAM del Algarve, el agua marina pasará primero por un pretratamiento para eliminar partículas e impurezas, después atravesará las membranas de ósmosis inversa a alta presión y finalmente será remineralizada y desinfectada para ajustar su composición antes de incorporarse a la red pública.

Convertir agua del mar en agua apta para el consumo no consiste simplemente en filtrarla. Las membranas de ósmosis inversa son el corazón del proceso, pero necesitan un trabajo previo cuidadoso para evitar obstrucciones y garantizar su vida útil. El agua bruta contiene sedimentos, microorganismos y materia orgánica que deben eliminarse antes de llegar a las membranas. Por eso, la planta del Algarve contará con un sistema de pretratamiento que incluirá tamices, filtros de arena y posiblemente ultrafiltración, dependiendo de la calidad del agua captada.

Del mar al grifo: las etapas del tratamiento

El proceso completo de la futura desaladora del Algarve se puede dividir en varias etapas:

  1. Captación de agua marina: a través de torres de captación situadas en el lecho marino, se toma agua del océano y se conduce hasta la planta mediante conducciones submarinas.
  2. Pretratamiento: el agua pasa por sistemas de filtración que eliminan partículas en suspensión, microorganismos y otros elementos que podrían dañar las membranas.
  3. Ósmosis inversa: el agua pretratada se impulsa a alta presión a través de membranas semipermeables que retienen las sales, produciendo agua dulce y una corriente residual concentrada en sales, conocida como salmuera.
  4. Remineralización y desinfección: el agua desalada tiene un bajo contenido mineral y un carácter ligeramente agresivo, por lo que se le añaden minerales como calcio y magnesio para ajustar su equilibrio, y se aplica desinfección para garantizar su calidad microbiológica.
  5. Incorporación a la red: el agua tratada se almacena y se bombea hacia el sistema público de abastecimiento, donde se mezcla con los recursos procedentes de embalses y acuíferos.

La energía es uno de los factores críticos de este proceso. La ósmosis inversa requiere presión para forzar el paso del agua a través de las membranas, lo que implica un consumo eléctrico considerable. La planta del Algarve incorporará sistemas de recuperación de energía para reducir ese consumo, aunque el coste energético seguirá siendo uno de los principales retos operativos y económicos del proyecto.

La salmuera, el reto ambiental de desalar agua de mar

Uno de los aspectos que más atención ambiental ha recibido es la gestión de la salmuera, el rechazo salino que se produce durante el proceso de ósmosis inversa. Cuando se separa el agua de las sales, el volumen restante tiene una concentración mucho mayor que la del agua de mar original. Devolver esa salmuera al océano sin un diseño adecuado podría afectar a los ecosistemas marinos cercanos, especialmente a las praderas de posidonia y a las comunidades bentónicas.

El proyecto del Algarve incluye un emisario submarino específico para la descarga de la salmuera, con sistemas de difusión que permiten diluir rápidamente la concentración salina en el agua receptora. La ubicación del punto de vertido, la profundidad y el régimen de corrientes marinas son factores clave para garantizar una dispersión eficaz. Además, el proyecto contempla un programa de seguimiento ambiental para controlar los niveles de salinidad en el entorno del emisario y verificar que el impacto se mantiene dentro de los límites autorizados.

La salmuera no es el único residuo del proceso. También se generan rechazos de los filtros de pretratamiento, compuestos por partículas retenidas, y lodos que deben gestionarse adecuadamente. La planta está diseñada para minimizar esos residuos y aprovechar al máximo los recursos, en línea con los criterios de economía circular aplicados a la gestión del agua.

Más allá de la desalación: la estrategia integral del agua en el Algarve

Aunque la desaladora sea la parte más visible del proyecto, el plan del Algarve va bastante más allá de construir una planta junto al mar. Las autoridades portuguesas han planteado una estrategia que combina nuevas infraestructuras con medidas de gestión de la demanda y eficiencia. Entre las líneas de acción destacan:

  • Impulso a la reutilización del agua regenerada: las aguas residuales tratadas pueden tener un segundo uso en riego agrícola, campos de golf y usos urbanos no potables, liberando recursos de mayor calidad para el consumo humano.
  • Reducción de pérdidas en las redes de distribución: muchas de las infraestructuras de abastecimiento del Algarve tienen una antigüedad considerable y registran fugas que suponen un desperdicio de recursos. El plan contempla inversiones para renovar tramos de red y mejorar la detección de escapes.
  • Mejora de las interconexiones entre sistemas: el Algarve tiene varios sistemas de abastecimiento independientes, lo que dificulta la transferencia de agua entre zonas con superávit y zonas con déficit. La conexión de esos sistemas permitirá una gestión más flexible y eficiente.
  • Modernización de los regadíos: la agricultura es uno de los principales consumidores de agua en la región, por lo que la adopción de sistemas de riego más eficientes es esencial para liberar recursos.
  • Tarifas y concienciación: las campañas de sensibilización y los sistemas tarifarios progresivos buscan moderar el consumo, especialmente en los meses de mayor presión turística.

La desaladora se inserta en este conjunto de medidas como una fuente adicional que refuerza la garantía del sistema, pero no como una solución única. De hecho, los responsables del proyecto insisten en que el agua del mar debe utilizarse cuando sea necesario, no como primera opción, porque su producción tiene un coste energético y ambiental mayor que la de los recursos convencionales.

España, el espejo ibérico de la desalación

La desalación no es una tecnología nueva para España, el país vecino con el que Portugal comparte península y desafíos hídricos similares. España empezó a utilizar agua de mar como fuente de abastecimiento hace más de seis décadas, con la primera desaladora instalada en Lanzarote en 1964. Desde entonces, la desalación se ha convertido en una herramienta habitual en territorios como Canarias y algunas zonas del litoral mediterráneo, donde las precipitaciones son escasas y la demanda turística y agrícola es intensa.

La experiencia española ofrece lecciones valiosas para Portugal. Una de ellas es que las plantas desaladoras requieren un mantenimiento constante y una gestión cuidadosa de las membranas, cuya vida útil puede verse reducida si el agua bruta no recibe un pretratamiento adecuado. Otra es que el coste de producción del agua desalada ha ido disminuyendo gracias a los avances tecnológicos y a los sistemas de recuperación de energía, lo que hace que su precio sea cada vez más competitivo en comparación con otras alternativas.

La diferencia para Portugal está en el punto de partida. Mientras que España cuenta con un parque de más de 300 plantas desaladoras repartidas por su territorio, la EDAM del Algarve será la primera gran estación de estas características en Portugal continental. Eso significa que el país tendrá que construir capacidades técnicas y operativas desde cero, aunque podrá apoyarse en el conocimiento adquirido por las empresas y los operadores españoles que llevan décadas gestionando este tipo de instalaciones.

El proyecto del Algarve también se enmarca en un contexto europeo más amplio, donde la desalación está ganando peso como respuesta a la creciente presión sobre los recursos hídricos. La Comisión Europea ha señalado en varias ocasiones que las tecnologías de desalación pueden desempeñar un papel relevante en la adaptación al cambio climático, especialmente en las regiones del sur de Europa, donde las previsiones apuntan a una disminución de las precipitaciones y a un aumento de las temperaturas.

Qué significa este proyecto para el futuro del agua en el Mediterráneo

El proyecto portugués permite entender mejor cómo ha cambiado la gestión del agua en las regiones mediterráneas. La desalación ha dejado de ser una solución excepcional para convertirse en una herramienta más dentro de un conjunto de recursos disponibles, especialmente en zonas costeras con periodos de escasez. El Algarve da ahora un paso importante al incorporar una infraestructura de gran escala que añade una nueva fuente de agua al sistema público de abastecimiento.

Este movimiento refleja una tendencia más amplia en el Mediterráneo. Países como España, Italia, Grecia, Chipre y Malta ya han recurrido a la desalación para complementar sus recursos hídricos, y en Oriente Medio y el norte de África la dependencia de la desalación es aún mayor. El cambio climático está reduciendo la disponibilidad de agua dulce en muchas de estas regiones, al mismo tiempo que la demanda sigue creciendo por el turismo, la agricultura y el desarrollo urbano. En ese escenario, el mar se presenta como una fuente prácticamente inagotable, aunque su aprovechamiento exige inversiones significativas y un equilibrio cuidadoso con el medio ambiente.

La desaladora del Algarve será también un banco de pruebas para Portugal. Si los resultados operativos y ambientales son positivos, es probable que el modelo se replique en otras zonas del país con problemas de escasez, como el Alentejo o la región de Lisboa. La capacidad de ampliación prevista para la planta de Albufeira indica que sus promotores confían en que la demanda seguirá creciendo, y que la desalación jugará un papel cada vez más relevante en el mix hídrico de Portugal.

Quedan por resolver cuestiones importantes, como la integración del agua desalada en las tarifas, el reparto de costes entre los distintos usos y la coordinación entre los operadores públicos y privados. La transparencia en la gestión y la participación ciudadana serán esenciales para generar confianza en una infraestructura que, como todas las de gran tamaño, despierta expectativas y recelos a partes iguales.

El camino hacia la entrada en funcionamiento en 2028 está todavía lleno de hitos técnicos, administrativos y financieros. Pero la decisión de construir esta desaladora ya ha modificado el debate sobre el futuro del agua en el Algarve: la región ya no depende únicamente de la lluvia y de las reservas almacenadas, sino que cuenta con una nueva herramienta para hacer frente a los periodos secos. El mar, que siempre ha definido el paisaje y la economía de esta costa, se convierte ahora también en su garantía de agua.

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