Cuando miro mi Nintendo Switch 2, la nada me devuelve la mirada, pero cuando echo un vistazo a la estantería en la que tengo mi GameBoy Color morada translúcida, la consola me devuelve la sonrisa. Ese contraste entre la sobriedad uniforme de la tecnología actual y la personalidad desenfadada de aquellas carcasas que dejaban ver las entrañas del dispositivo es el síntoma de una nostalgia que crece cada día. Y no soy el único: en redes sociales circula una y otra vez una imagen llena de cacharros con carcasas translúcidas y coloridas que despierta un suspiro colectivo. Estamos cansados de la tecnología aburrida, de que todos los móviles, tablets y ordenadores parezcan clones los unos de los otros. Por eso la tecnología transparente, aquella que floreció a finales de los noventa y principios de los dosmiles, está regresando con fuerza para recuperar el estilo Y2K.
El ‘clear craze’ que definió una era: orígenes y auge
Hace 25 años se empezó a poner de moda la tecnología ‘clear craze’. Aunque en los ochenta ya existían algunos productos transparentes, fue a finales de los noventa cuando los avances en la fabricación de plásticos permitieron producir este tipo de carcasas a gran escala. La transparencia se convirtió en un signo de modernidad, de futurismo, de una industria que no tenía nada que esconder y que presumía de sus circuitos ordenados y sus componentes cuidadosamente dispuestos. Era un lenguaje visual muy tecnológico, asociado a la estética Y2K, que contrastaba con la ropa negra heredada de películas como ‘Matrix’ pero que al mismo tiempo compartía esa misma confianza en el futuro digital.
iMac G3: el pionero colorido que rompió el molde beige
El iMac G3 es uno de los productos más icónicos de esta tendencia y tuvo una importancia estructural porque los ordenadores de sobremesa eran de color beige y muy serios. La apuesta de Apple con su todo en uno se percibió como más amigable, más cercana. Los coloridos iMac G3, con sus carcasas translúcidas que dejaban ver el interior, marcaron un antes y un después en el diseño de la informática doméstica. No solo mostraban el hardware, sino que invitaban a los usuarios a sentirse parte de ese mundo tecnológico que hasta entonces parecía reservado a ingenieros y técnicos.
Nintendo, PlayStation y Xbox: consolas que enseñaban sus entrañas
En paralelo, y frente a la sobriedad de la primera Game Boy, Nintendo lanzó tanto la GameBoy Pocket como una línea de Color en versiones transparentes. Lo mismo ocurrió con la línea ‘Funtastic’ de Nintendo 64 y la Xbox tuvo una versión verde y cristal que se convirtió en legendaria. PlayStation también tuvo una preciosa edición azul en Japón, donde esta tendencia pegó muy fuerte. No solo las consolas enteras, sino también los accesorios: mandos translúcidos, Memory Cards de PS1 que dejaban ver sus circuitos, y todo tipo de periféricos adoptaron esa estética. Mostrar las tripas del dispositivo era guay, era un orgullo por los interiores tan pulidos de los dispositivos, algo que había que enseñar.
El declive: cuando la transparencia dejó de ser futurista
Pero como todo lo bueno, terminó llegando el agotamiento. La transparencia dejó de ser algo diferenciador y se volvió ubicua. Todo era transparente, hasta hubo una Crystal Pepsi. Eso erosionó el factor sorpresa y lo que antes era futurismo pasó a percibirse como algo asociado a un momento muy concreto que ya no llamaba la atención. Además, la industria tecnológica comenzó a abrazar el minimalismo, virando a un diseño más sobrio que abrazaba el plástico blanco, el aluminio cepillado y los acabados negro brillante. Qué bonitos los dispositivos ‘negro piano’ y qué mal envejecían en cuanto los sacabas de la caja.
El minimalismo y la era de la seriedad
La propia Apple, que había abrazado esa moda colorida con el iMac G3 y el iBook G3, abandonó ese lenguaje para pasarse al de las superficies limpias, planas y consideradas más premium. Si antes mostrar las tripas era un orgullo, ahora se percibía como algo sucio. La moda ahora era la pulcritud y las superficies opacas, menos infantiles. Más serias. Más tristes. El sector de los smartphones, con el iPhone como estandarte, impuso un canon de diseño basado en el vidrio y el metal, en el que cualquier asomo de transparencia habría resultado fuera de lugar. Y así entramos en la era de la seriedad, de la homogeneidad y del aburrimiento.
Razones prácticas: componentes menos atractivos
Más allá de la estética, también hubo un componente práctico. Las máquinas necesitaban un mayor refuerzo estructural porque llevaban otro tipo de componentes internos, con disipadores mucho más grandes que ya no es que no fueran atractivos, sino que tampoco tenía sentido mostrar. Una carcasa translúcida deja ver esos refuerzos estructurales en el plástico, los cables, pegamentos y las soluciones térmicas. Precioso, si me preguntas, pero incoherente con la imagen que la industria quería dar: la de dispositivos sellados, perfectos, casi mágicos, donde el interior debía permanecer oculto para no romper el hechizo.
Un refugio inesperado: la tecnología transparente en las prisiones
Una nota curiosa es que la tecnología transparente no nació a finales de los 90. Décadas antes se había hecho algún intento con productos muy concretos como muestra de poderío tecnológico, pero donde no eran una excepción era en las cárceles. Tiene todo el sentido: si para el usuario era un no tenemos nada que esconder por parte de la empresa tecnológica como muestra de orgullo, en el contexto penitenciario era un literalmente no hay nada que esconder. Al ser transparentes, los funcionarios de prisiones pueden ver de un vistazo si hay algo escondido sin necesidad de tener que desmontar el aparato. Esta transparencia reduce el riesgo de esconder drogas, armas improvisadas, tarjetas SIM u otros elementos prohibidos, y abarata las inspecciones comparado con radiografiar o abrir cada dispositivo. Es un nicho en el que la tecnología transparente nunca murió del todo.
El renacimiento Y2K: la transparencia vuelve a casa
En un revival del clear craze, estamos en un momento en el que confluyen dos tendencias. Por un lado, la oficial, con marcas como Nothing apostando muy fuerte por dispositivos con transparencias que, aunque no dejan ver tanto como en los 90 (en los móviles, ya que en auriculares son más audaces), han conseguido que el diseño translúcido vuelva a ser noticia. Por otro lado, está la vertiente más de usuario, donde cada vez es más fácil montar tu propia consola, se lanzan consolas emuladoras con carcasas transparentes y la escena de personalización de iPod, por ejemplo, ha hecho de las carcasas transparentes un clásico.
Nothing y la apuesta por el diseño translúcido
Nothing ha sido la punta de lanza de esta vuelta a la transparencia. Sus auriculares Ear Stick y sus teléfonos inteligentes han recuperado ese orgullo por enseñar el interior, aunque sea de forma parcial y estilizada. No es la transparencia total de los 90, donde se veía cada cable y cada condensador, sino una versión más sofisticada y depurada que busca el mismo efecto: diferenciarse en un mercado saturado de placas de vidrio negro. Y está funcionando. Los consumidores responden a esa nostalgia, a esa sensación de tener algo especial en las manos, algo que no es una losa opaca más.
Xbox Series X 25 aniversario y el revival gamer
Este año se lanzará una Xbox Series X que recupera esa carcasa verde translúcida de la primera Xbox. No es un detalle menor: la Xbox original, con su versión verde cristal, se convirtió en una pieza de culto. Que Microsoft recupere esa estética para celebrar su 25 aniversario demuestra que las grandes marcas han detectado el filón nostálgico. Ahora hay mogollón de productos así: auriculares de Beats, cargadores que vuelven a mostrar ese orgullo de mira qué bien hemos organizado lo de dentro, teclados y hasta powerbanks. La industria del videojuego, siempre atenta a las tendencias, ha sido una de las primeras en subirse al carro.
La escena DIY y la personalización como resistencia
Pero quizá lo más interesante esté en la base. La escena de entusiastas que montan sus propias consolas, como las FPGA o las Raspberry Pi, ha hecho de la carcasa transparente un símbolo de identidad. Yo mismo tengo una GameBoy FPGA que tuve que montar y para la que podía elegir carcasa. Elegí, efectivamente, la transparente. Se ve todo el polvo interior, pero es preciosa. En la escena de personalización de iPod es muy común comprar carcasas transparentes. Hay un componente de orgullo artesanal, de mostrar el trabajo propio, que conecta directamente con el espíritu del clear craze original. No es solo nostalgia: es una declaración de principios frente a la homogeneidad.
La tecnología transparente, además de aportar color a nuestra vida, hace que nuestra cabeza vuelva a una época en la que éramos felices y no lo sabíamos. No tenía previsto terminar con esa manida frase, pero creo que viene al pelo. Porque, más allá de la moda pasajera, este regreso del Y2K y la transparencia nos habla de un deseo profundo de recuperar la personalidad, el atrevimiento y la alegría en un mundo tecnológico que se ha vuelto demasiado serio. Y quizá, solo quizá, esta vez la transparencia haya llegado para quedarse, porque ahora sabemos que el futuro no tiene por qué ser una losa negra y brillante. Puede ser colorido, transparente y, sobre todo, nuestro.