La NOAA sube al 81% la probabilidad de que El Niño sea muy fuerte en 2026

La NOAA advierte que el fenómeno de El Niño podría alcanzar su máxima intensidad a finales de 2026, con graves consecuencias globales.

Por Central
El Niño muy fuerte con 81% de probabilidad para octubre-diciembre de 2026, según la NOAA.
Destacados
  • Hay un 81% de probabilidad de que El Niño sea muy fuerte a finales de 2026.
  • La NOAA estima un 97% de probabilidad de que El Niño persista hasta principios de 2027.
  • El fenómeno podría causar impactos graves en la agricultura y los recursos hídricos a nivel global.

El Pacífico ecuatorial se está calentando, y los últimos datos indican que lo está haciendo con una rapidez y consistencia que han puesto en alerta a las principales agencias meteorológicas del mundo. La propia NOAA, en su informe publicado en julio, ha señalado que el fenómeno de El Niño no solo se está fortaleciendo, sino que se perfila para ser uno de los grandes protagonistas climáticos de este año y principios del próximo. La agencia ha elevado al 81% la probabilidad de que El Niño sea muy fuerte durante el trimestre de octubre a diciembre de 2026, una cifra que ha encendido todas las alarmas en los sectores de la agricultura, la gestión de recursos hídricos y la planificación de emergencias.

El dato clave: 81% de probabilidad de un evento «muy fuerte» para finales de 2026

Las observaciones oceánicas y atmosféricas actuales no dejan lugar a dudas. La NOAA ha registrado un índice Niño 3.4 semanal de +1,2 °C, y el calentamiento superficial y subsuperficial, junto con los vientos anómalos y la convección, son plenamente coherentes con un acoplamiento océano-atmósfera cada vez más intenso. Este acoplamiento es el motor que sostiene y amplifica el fenómeno, y su fortalecimiento es lo que lleva a los meteorólogos a hablar de una alta probabilidad de persistencia.

De esta manera, la persistencia está casi garantizada. La NOAA estima un 97% de probabilidad de que El Niño persista hasta los primeros meses de 2027. Pero la cifra más impactante es otra: el organismo apunta a una probabilidad del 81% de que el fenómeno alcance la categoría de «muy fuerte» durante el trimestre de octubre a diciembre de 2026. Esto significa que no solo estamos ante un evento prolongado, sino que su fase más intensa coincidirá con el otoño e invierno del hemisferio norte, un periodo crítico para la actividad agrícola y los patrones meteorológicos globales.

¿Qué significa exactamente que El Niño sea «muy fuerte»?

La clasificación técnica de la NOAA para un episodio «muy fuerte» se basa en la desviación de la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4. Cuando la anomalía supera consistentemente los +1,5 °C durante varios meses, se considera un evento fuerte. Si la anomalía media del trimestre se acerca o supera los +2,0 °C, se entra en la categoría de «muy fuerte». Los modelos actuales sugieren que la trayectoria térmica podría acercarse a una anomalía media de +2 °C, aunque los propios científicos insisten en que se trata de una proyección probabilística, no de una confirmación de un récord absoluto.

El mito del «súper El Niño» y la terminología oficial de la NOAA y la OMM

Ante estas cifras, es fácil caer en la tentación de catalogar el evento de inmediato como algo nunca antes visto, y algunos ya lo categorizan como «súper El Niño» por su intensidad excepcional. Aquí es donde las agencias oficiales ponen el freno. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha señalado que el término «súper El Niño» no forma parte de su clasificación operativa oficial.

La terminología técnica que utilizan tanto la NOAA como la OMM es la de un episodio «muy fuerte». Aunque los datos sugieren que la trayectoria térmica podría acercarse a una anomalía media de +2 °C, se trata de una proyección probabilística, no de una confirmación de que estemos ante un récord absoluto garantizado. Esta distinción es crucial para evitar el sensacionalismo y para que los sectores económicos y los gobiernos tomen decisiones basadas en datos calibrados, no en titulares alarmistas.

¿Qué diferencia hay entre un El Niño «fuerte», «muy fuerte» y «súper»?

La NOAA clasifica los eventos de El Niño en tres categorías principales: débil, moderado y fuerte. Un evento «muy fuerte» es una subcategoría dentro de «fuerte» que se reserva para los episodios más intensos registrados, como los de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. El término «súper El Niño» es un concepto informal, popularizado por los medios y algunos científicos, pero que no tiene una definición operativa en las agencias oficiales. La OMM ha sido clara al recomendar el uso de la clasificación técnica para mantener la precisión y la credibilidad de las comunicaciones oficiales.

El impacto concreto de un evento muy fuerte en el clima global

Uno de los errores más comunes al interpretar las alertas de El Niño es asumir que un fenómeno global intenso se traducirá en un caos meteorológico uniforme en todo el planeta. La realidad es mucho más matizada. Un El Niño muy fuerte altera los patrones de circulación atmosférica a escala planetaria, pero los impactos varían drásticamente según la región y la época del año.

La OMM advierte de que el rápido desarrollo de El Niño aumentará indudablemente la probabilidad de fenómenos extremos como olas de calor, sequías prolongadas en ciertas regiones y lluvias torrenciales en otras. Sin embargo, la propia NOAA es muy clara al apuntar que los impactos meteorológicos concretos no pueden deducirse únicamente de la intensidad global del episodio. Factores como la temperatura del océano en otras cuencas, la configuración de los vientos en niveles altos y la fase de otras oscilaciones climáticas, como la Oscilación del Atlántico Norte, modulan la respuesta regional.

¿Qué regiones serán las más afectadas por este El Niño de 2026?

Históricamente, los episodios de El Niño muy fuertes han provocado sequías severas en Indonesia, Australia, el sur de África y partes de América Central. Al mismo tiempo, suelen generar lluvias torrenciales e inundaciones en la costa oeste de América del Sur, especialmente en Ecuador y el norte de Perú, así como en el sur de Estados Unidos. En España y el Mediterráneo, los efectos son menos directos pero igualmente relevantes: los inviernos de El Niño tienden a ser más húmedos en la península ibérica, aunque con una alta variabilidad. Los modelos actuales, sin embargo, aún no pueden precisar con certeza la intensidad de estos impactos regionales para el evento de 2026.

La ciencia detrás del pronóstico: cómo la NOAA calcula el 81%

Para llegar a esa cifra del 81%, la NOAA utiliza una combinación de modelos climáticos dinámicos y estadísticos. Los modelos dinámicos simulan la evolución del océano y la atmósfera basándose en las leyes físicas, mientras que los estadísticos se apoyan en patrones históricos para proyectar la evolución más probable. Ambos tipos de modelos han convergido en las últimas semanas hacia una señal muy consistente: el calentamiento no solo se mantendrá, sino que se intensificará durante el otoño boreal.

El índice Niño 3.4, que mide la desviación de la temperatura superficial del mar en una región clave del Pacífico ecuatorial, es el indicador principal. Un valor de +1,2 °C ya es significativo, pero lo que preocupa a los científicos es la velocidad del calentamiento subsuperficial. Cuando el agua cálida se acumula bajo la superficie del océano y comienza a emerger, el acoplamiento océano-atmósfera se refuerza, y el fenómeno adquiere una inercia difícil de revertir. Eso es exactamente lo que están observando ahora.

¿Qué significa un índice Niño 3.4 de +1,2 °C?

El índice Niño 3.4 es la anomalía de temperatura superficial del mar en el área comprendida entre los 5°N y 5°S de latitud y los 120°W y 170°W de longitud. Un valor de +1,2 °C indica que el océano está 1,2 grados Celsius más cálido de lo normal en esa región. Para que un evento sea clasificado como El Niño, el índice debe superar los +0,5 °C durante al menos cinco meses consecutivos. Un valor de +1,2 °C es característico de un evento fuerte, y si se mantiene o aumenta, el episodio podría alcanzar la categoría de muy fuerte.

El contexto histórico: comparación con los grandes eventos del pasado

Los episodios anteriores clasificados como «muy fuertes» —1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016— dejaron una huella imborrable en la economía global y en la memoria climática. El de 1997-1998, por ejemplo, provocó pérdidas estimadas en más de 35 mil millones de dólares en todo el mundo, con sequías en Indonesia que llevaron a incendios forestales masivos y lluvias torrenciales en California que causaron deslizamientos de tierra catastróficos.

El evento de 2015-2016, aunque también muy fuerte, no alcanzó la intensidad de 1997-1998 en términos de impacto económico, pero sí estableció récords de temperatura global. La comparación con estos precedentes es inevitable, pero los científicos advierten que cada evento es único. El cambio climático de fondo, con un océano global más cálido que en décadas anteriores, puede amplificar o modular los efectos de El Niño de maneras que aún no comprendemos del todo.

¿Es este El Niño comparable al de 1997-1998 o al de 2015-2016?

Las proyecciones actuales sugieren que la intensidad podría ser similar a la de esos dos eventos históricos, pero aún es pronto para hacer una comparación definitiva. La principal diferencia es que el océano global de 2026 es significativamente más cálido que el de 1997 o 2015 debido al calentamiento global. Esto significa que la energía disponible para alimentar fenómenos extremos es mayor, lo que podría traducirse en impactos más severos, aunque la dinámica atmosférica específica de cada evento también juega un papel crucial.

Preparación y respuesta: lo que los gobiernos y sectores clave deben considerar

Con una probabilidad del 81% de que El Niño sea muy fuerte, la ventana para la preparación se está cerrando rápidamente. Los sectores más vulnerables incluyen la agricultura, la pesca, la gestión del agua, la energía y la salud pública. Los países de la costa oeste de América del Sur, como Perú y Ecuador, ya están familiarizados con los impactos de El Niño y cuentan con protocolos de emergencia, pero la magnitud potencial de este evento podría superar las capacidades de respuesta si no se actúa con anticipación.

En el caso de España y el sur de Europa, aunque los impactos son menos directos, la probabilidad de un invierno más húmedo podría aliviar las sequías en algunas regiones, pero también aumentar el riesgo de inundaciones. Las autoridades de gestión del agua y protección civil deben comenzar a actualizar sus planes de contingencia, especialmente en las cuencas hidrográficas más sensibles.

¿Qué medidas concretas pueden tomar los gobiernos ante un El Niño muy fuerte?

Las medidas deben ser específicas para cada región. En las zonas propensas a sequías, es prioritario asegurar las reservas de agua potable y planificar la distribución de alimentos. En las zonas propensas a inundaciones, hay que limpiar cauces de ríos, reforzar diques y preparar sistemas de alerta temprana. Para el sector agrícola, la recomendación es ajustar los calendarios de siembra y diversificar los cultivos hacia variedades más resistentes al estrés hídrico. La coordinación entre agencias meteorológicas nacionales y la NOAA será fundamental para afinar los pronósticos regionales a medida que se acerque el pico del fenómeno.

La incertidumbre que persiste: el papel de las proyecciones probabilísticas

A pesar de la contundencia de los datos, la comunidad científica mantiene un tono de cautela. El 81% de probabilidad no es una certeza del 100%, y existe un 19% de posibilidades de que el evento no alcance la categoría de «muy fuerte». Además, la interacción entre El Niño y otros fenómenos climáticos, como la Oscilación Decadal del Pacífico o el estado de la corriente de chorro, puede modificar la evolución del evento de formas que los modelos actuales no capturan completamente.

La propia NOAA insiste en que los impactos meteorológicos concretos no pueden deducirse únicamente de la intensidad global del episodio. La historia climática está llena de ejemplos de eventos fuertes que tuvieron impactos moderados en algunas regiones y de eventos moderados que causaron estragos debido a condiciones locales favorables. La preparación debe basarse en la mejor ciencia disponible, pero también en la flexibilidad para adaptarse a escenarios cambiantes.

Imágenes de Bipradeep Saha. En Xataka: Ya estamos comprobando el primer efecto de El Niño más destructivo que se recuerda: sube el nivel del mar.

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