La analítica de video basada en IA genera US$15.150 millones en 2026

El mercado de la analítica de video con IA superará los US$15.000 millones en 2026, impulsando la convergencia entre seguridad física y ciberseguridad.

Por Central
La analítica de video basada en IA genera US$15.150 millones en 2026
Destacados
  • La analítica de video con IA alcanzará los US$15.150 millones en 2026, con un crecimiento anual superior al 21%.
  • La convergencia entre seguridad física y ciberseguridad es clave para la resiliencia operativa en sectores críticos.
  • La integración de sistemas aislados en plataformas unificadas permite decisiones más rápidas y contextualizadas.

La analítica de video basada en inteligencia artificial no es una promesa futura: es un mercado que ya mueve cifras monumentales y redefine la arquitectura de la seguridad empresarial. Grand View Research estima que este sector alcanzará los US$15.150 millones en 2026, con una tasa de crecimiento anual compuesta superior al 21% hasta 2033. Pero más allá del dato económico, lo que está ocurriendo es una transformación profunda en la forma en que las organizaciones entienden la vigilancia, la toma de decisiones y la resiliencia operativa. La cámara de seguridad, que durante décadas fue un dispositivo pasivo para observar y registrar, se está convirtiendo en un nodo inteligente capaz de generar conocimiento en tiempo real. Este cambio no solo impacta a los departamentos de seguridad; afecta a toda la cadena de valor del negocio, desde la continuidad operativa hasta la eficiencia estratégica.

La convergencia estratégica entre seguridad física y ciberseguridad

Históricamente, los sistemas de seguridad física —cámaras, lectores de acceso, sensores— operaban en silos, desconectados de la infraestructura de TI. Esa separación ya no es sostenible. Cada cámara, cada lector y cada sensor es hoy un activo digital conectado a la red, y como cualquier otro dispositivo, puede convertirse en un vector de ataque o en un punto de fallo que afecte la continuidad del negocio.

En sectores críticos como energía, transporte, salud o telecomunicaciones, una interrupción tecnológica no se queda en el ámbito de TI: se traduce rápidamente en un problema operativo y de negocio. La convergencia entre seguridad física y ciberseguridad, por tanto, adquiere una dimensión estratégica. No se trata simplemente de proteger activos, sino de garantizar que toda la infraestructura conectada opere de forma resiliente.

Las organizaciones están buscando conectar sistemas que históricamente funcionaron de manera aislada para obtener una visión más completa de sus operaciones. Esta integración permite correlacionar eventos de seguridad física con incidentes de ciberseguridad, detectar anomalías que antes pasaban desapercibidas y responder de forma coordinada ante cualquier amenaza. La resiliencia, en este nuevo paradigma, ya no consiste solamente en prevenir incidentes: implica detectar rápidamente qué está sucediendo, comprender su impacto, coordinar una respuesta y recuperar la operación en el menor tiempo posible.

De sistemas aislados a plataformas integradas

La clave de esta convergencia está en la capacidad de integrar tecnologías y fuentes de información que tradicionalmente han operado en plataformas diferentes. Un sistema de control de acceso, una red de videovigilancia y un sistema de detección de intrusiones en la red informática pueden —y deben— compartir datos y contextos. Cuando se logra esa integración, la organización obtiene una visión más amplia y contextualizada de la operación, lo que permite tomar decisiones más informadas y rápidas.

Esta evolución también depende de la madurez tecnológica de las plataformas de gestión unificada. Soluciones como las que ofrece Genetec, por citar un actor relevante en el mercado, permiten centralizar la gestión de seguridad física y ciberseguridad en un solo panel, facilitando la correlación de eventos y la automatización de respuestas.

Inteligencia artificial para decisiones, no solo automatización

La inteligencia artificial está en el centro de esta transformación, pero su valor no debería medirse solamente por su capacidad para automatizar tareas. El verdadero aporte de la IA está en cuánto puede mejorar la calidad de las decisiones. Analizar patrones, correlacionar eventos, reducir falsas alarmas, encontrar información relevante en grandes volúmenes de datos o automatizar procesos repetitivos son tareas que la IA puede ejecutar con una velocidad y precisión que superan la capacidad humana.

Sin embargo, la tecnología no reemplaza el juicio humano. Como señala Martín Gasulla, Sales Director de Genetec, la decisión sigue siendo responsabilidad de las personas. La IA aporta información, contexto y herramientas para actuar con mayor rapidez y confianza, pero el criterio, la experiencia y el contexto situacional siguen siendo competencias humanas irremplazables. Liberar a los operadores de parte del trabajo operativo permite que se concentren en situaciones que requieren experiencia, contexto y criterio, elevando así la calidad de la respuesta.

En cada una de las etapas de un incidente —detección, comprensión, coordinación, recuperación— la inteligencia artificial puede ayudar. Desde algoritmos de visión computacional que detectan comportamientos anómalos en tiempo real, hasta sistemas de análisis predictivo que anticipan fallos en infraestructura crítica. La IA, bien implementada, no solo acelera los procesos, sino que los hace más precisos y menos propensos a errores humanos.

US$15.150 millones en 2026: el mercado que redefine la vigilancia

La cifra que maneja Grand View Research no es un dato aislado; refleja una tendencia más amplia y profunda. El mercado de analítica de video basada en IA está creciendo porque las organizaciones están comprobando que las fuentes de información que antes servían principalmente para observar o registrar —como las cámaras de seguridad— pueden convertirse en herramientas capaces de generar conocimiento accionable para la operación.

El crecimiento anual compuesto superior al 21% hasta 2033 indica que estamos en una fase de adopción acelerada. Lo que impulsa este crecimiento no es solo la necesidad de seguridad, sino la demanda de eficiencia operativa, reducción de costes y mejora en la toma de decisiones. Las empresas están descubriendo que la analítica de video basada en IA puede tener aplicaciones que van mucho más allá de la seguridad: optimización de flujos de personas en retail, control de calidad en manufactura, gestión de tráfico en ciudades inteligentes, monitoreo de cumplimiento normativo, entre muchas otras.

¿Qué factores impulsan este crecimiento?

Varios factores confluyen para explicar esta expansión. Primero, la madurez de los algoritmos de inteligencia artificial, especialmente en visión computacional y procesamiento de lenguaje natural, ha alcanzado un nivel de precisión que permite aplicaciones comerciales fiables. Segundo, la reducción del coste del hardware —cámaras con capacidades de procesamiento embebido, sensores más baratos— ha democratizado el acceso a estas tecnologías. Tercero, la necesidad de las organizaciones de conectar sistemas aislados para obtener una visión integral de sus operaciones crea una demanda natural de plataformas unificadas que integren analítica de video.

Además, la creciente complejidad de las amenazas —tanto físicas como cibernéticas— obliga a las organizaciones a adoptar enfoques más proactivos. Ya no basta con reaccionar; hay que anticipar. La analítica de video basada en IA permite detectar patrones que indican un riesgo inminente, desde comportamientos sospechosos en un perímetro hasta condiciones anómalas en una instalación industrial.

Brain Centers: la evolución de los centros de operaciones

Uno de los conceptos más interesantes que emerge de esta transformación es el de los Brain Centers. No se trata de crear una nueva infraestructura ni de reemplazar los centros de monitoreo existentes. El concepto describe una evolución de la función del centro de operaciones: pasar de concentrar información a integrar datos, aportar contexto, priorizar situaciones y ayudar a las personas a decidir.

Un centro tradicional está orientado principalmente a observar. Un centro de operaciones incorpora capacidades de gestión y coordinación. Un Brain Center agrega una capa de inteligencia que permite relacionar diferentes señales y convertirlas en una visión más completa de lo que está sucediendo. En lugar de simplemente mostrar lo que ocurre, el Brain Center ayuda a entender por qué ocurre y qué significa para la operación.

¿Qué es un Brain Center y cómo se diferencia de un centro tradicional?

Un Brain Center es un centro de operaciones evolucionado que utiliza inteligencia artificial y analítica avanzada para convertir datos de múltiples fuentes —video, sensores, sistemas de acceso, redes informáticas— en contexto útil para la toma de decisiones. A diferencia de un centro de monitoreo tradicional, que se limita a mostrar información de forma pasiva, el Brain Center analiza, correlaciona y prioriza eventos en tiempo real, reduciendo la carga cognitiva de los operadores y permitiendo una respuesta más rápida y precisa. La diferencia fundamental es que el Brain Center no solo observa: comprende, contextualiza y recomienda cursos de acción.

Esta capacidad puede tener un impacto directo en el negocio. Una alerta que permite anticipar una interrupción puede evitar pérdidas económicas significativas. Una mejor coordinación durante un incidente puede reducir el tiempo de inactividad de las operaciones. La automatización de procesos rutinarios libera recursos humanos para tareas de mayor valor. Y una visión integrada de las operaciones ayuda a detectar ineficiencias o riesgos antes de que se conviertan en problemas mayores.

El verdadero valor de un Brain Center no está determinado por la cantidad de tecnología que contiene, sino por su capacidad para convertir datos en contexto, contexto en conocimiento y conocimiento en decisiones que mejoren la operación. No es una sala con más pantallas y más procesamiento; es una nueva forma de entender cómo la información puede ayudar a proteger, operar y hacer crecer una organización.

Resiliencia empresarial y continuidad operativa

La seguridad, en este nuevo paradigma, deja de funcionar como una disciplina aislada y empieza a formar parte de una conversación más amplia sobre riesgo, continuidad, eficiencia y resiliencia empresarial. Las organizaciones que adopten este enfoque integrado estarán mejor preparadas para enfrentar no solo amenazas de seguridad, sino cualquier interrupción operativa, ya sea causada por un ciberataque, un desastre natural, un fallo técnico o un error humano.

La integración de la analítica de video basada en IA en los centros de operaciones permite construir una visión holística del estado de la organización. Un operador en un Brain Center puede ver simultáneamente el flujo de personas en una instalación, el estado de los servidores críticos, las alertas de ciberseguridad y los datos de sensores ambientales, todo correlacionado en una sola plataforma. Esto permite una comprensión situacional que antes era imposible.

Martín Gasulla, Sales Director de Genetec, lo plantea con claridad: la resiliencia ya no consiste solamente en prevenir incidentes; también implica detectar rápidamente qué está sucediendo, comprender su impacto, coordinar una respuesta y recuperar la operación. La inteligencia artificial puede ayudar en cada una de esas etapas, aportando velocidad y precisión, pero siempre bajo la supervisión y el criterio humano.

Ciudades inteligentes y Zero Trust en entornos físicos

Este mismo enfoque está empezando a aplicarse en el ámbito de las ciudades inteligentes. Los datos provenientes de video, tránsito, transporte público y sensores urbanos pueden utilizarse no solamente para responder ante incidentes, sino también para comprender patrones de movilidad, mejorar servicios públicos y gestionar recursos de manera más eficiente. La analítica de video basada en IA permite a las ciudades anticipar congestiones de tráfico, detectar accidentes en tiempo real, optimizar rutas de transporte y mejorar la seguridad ciudadana sin necesidad de multiplicar los recursos humanos.

Además, conceptos que provienen del mundo de la ciberseguridad, como Zero Trust, comienzan a adquirir relevancia en entornos físicos. Ya no alcanza con confiar en una persona, dispositivo o sistema simplemente porque se encuentra dentro de un determinado perímetro. La identidad, el contexto y las condiciones de acceso pasan a formar parte de una evaluación más dinámica del riesgo. Una cámara que lleva días sin enviar datos, un lector de acceso que muestra patrones anómalos, un sensor que reporta valores fuera de rango: todos estos indicadores pueden activar protocolos de verificación adicional, incluso si el dispositivo está dentro de la red corporativa.

Este enfoque de confianza cero en el mundo físico representa un cambio cultural profundo. Durante décadas, la seguridad física se basó en la idea de que un perímetro bien defendido era suficiente. Hoy, con la movilidad de los trabajadores, la proliferación de dispositivos IoT y la convergencia entre entornos físicos y digitales, el concepto de perímetro se ha diluido. Zero Trust aplicado a la seguridad física implica que cada acceso, cada transacción y cada interacción debe ser verificada en función del contexto y el riesgo, no de la ubicación física.

La evolución de los centros de monitoreo, entonces, no consiste en reemplazar tecnología o personas de un día para otro. Consiste en aprovechar la infraestructura existente, conectar capacidades y utilizar inteligencia y automatización para que las organizaciones puedan responder mejor ante la complejidad del entorno actual. Las empresas que ya cuentan con cámaras, sensores y sistemas de acceso pueden empezar a integrarlos y a añadir capas de inteligencia sin necesidad de una inversión masiva en nuevos equipos. El camino hacia el Brain Center es incremental, no disruptivo.

El valor de estos centros ya no estará determinado solamente por cuánto pueden observar. Estará en su capacidad para convertir datos en contexto, contexto en conocimiento y conocimiento en decisiones que mejoren la operación. Ese es el verdadero significado de un Brain Center: no una sala con más tecnología, sino una nueva forma de entender cómo la información puede ayudar a proteger, operar y hacer crecer una organización. La analítica de video basada en IA, con un mercado valorado en US$15.150 millones para 2026, es el motor de esta transformación. Pero el destino no es la tecnología: es la inteligencia organizacional para tomar mejores decisiones, más rápido, con más confianza y con menos riesgo. Las organizaciones que entiendan esto y actúen en consecuencia no solo serán más seguras; serán más eficientes, más resilientes y más competitivas en un mundo que no deja de aumentar su complejidad. La decisión, como siempre, está en manos de las personas. La tecnología solo aporta información, contexto y herramientas para actuar con mayor rapidez y confianza. Y en ese equilibrio entre capacidad humana e inteligencia artificial reside la clave de la próxima generación de centros de operaciones.

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